Incluso desafiando a la muerte

¡Que no nos fiemos, pueblo, y menos de ese soldado de gafas negras y sin ojos!

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Memoria de la ciudad sin paz» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 80).

Pasión discursiva

Desde que se rumoreó que Magdalena Huertas era descendiente de una niña santa, muertita y adorada en un país recóndito, los electores la escuchaban consternados y deslumbrados, como si presenciaran la propia imagen de Dios

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Memoria de la ciudad sin paz» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 79).

La primera nostalgia

—Niño hombrón, ¿en qué piensa?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 76).

El mejor de los mejores

—Y acuérdese de tumbarlo cuando le clave el cañón en la tripita. Así, seguro que atina.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 74).

Un pura sangre

—Pero abandonarle, chico, es cagarse encima de una mina repleta.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 75).

Hora del ejercicio

Estaba tan mareado…

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 73).

Sentimiento de soledad

La tarde, como de costumbre, masacraba las corduras

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 72).

Dormir para olvidar

la amigable bolsa de pegamento, las vitaminas de la felicidad y el olvido.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 71).

Dos mundos en uno

—Una hormiguita para mí, y un chinito también —dijo sin saber muy bien por qué.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 70).

Un entierro masivo

Poco después de que enterraran a su papá, el niño Lolo aspiró más pegamento que nunca.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 69).

Aquellos ecos

Todavía hoy parece que se escucha el eco

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 65).

El tiempo, el tiempo

La abuela Belisa vive mucho

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 64).

Demasiado para el cuerpo

Los peregrinos retrocedían para reconciliar al aire.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 63).

Frente a la niña Eduvigis

Nadie conseguía ver el túmulo, el puntito de su devoción.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 62).

Valor

Escuchaba un pitido débil que lo animaba al bostezo

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 61).

Una sonrisa

El pecho del golfante respondió

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 60).

Aquellas nubes

Ya no volvieron a existir más viernes de calentura y aguas para Ranchito.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 59).

Irrupción del amor

su cabeza y sus pasos encallaron

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 58).

Un espía descubridor

El muchacho se tenía por más exigente y sutil en asuntos de mujeres

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 57).

Gran sorpresa

Ranchito y sus dos secuaces eran de la misma edad.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 56).

Un día esperadísimo

Es que aquella mañana era la mañana del viernes.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 55).