Interrogantes

Nadie, por lo menos en este pueblo, se merece la vida.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 32).

El quid de la cuestión

No lloro de miedo ni de pena. Ocurre que me escuecen los ojos de verle tan iluminado por las lámparas de esta rastrera iglesia.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 31).

Puro machismo

A lo mejor, si ahora entro en mi casa, hallo a mi maldita mujer de pie, desafiante, enérgica, movida por fuerzas divinas enfrentadas. Y me cose a puñaladas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 30).