Unas piernas

Piernas y medias

—Va, Salva, que me estás poniendo muy cachonda con ese carácter que tienes. Que parece que te haces de rogar, que estás de vuelta de todo. Mírame las piernas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 23).

Sábana Santa de Turín

Allí, junto al sillón, apareció un rostro con los ojos cerrados, una faz de tamaño natural, una tez barbada, rigurosamente exacta a la que todavía hoy se conserva en la llamada Sábana Santa de Turín.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 21).