Nueva edición, en formato papel, de CALIENTE

Disponible una nueva edición de
Caliente,
en formato papel.
El volumen de esta edición es ligeramente superior que la anterior: 14 x 21,5 cm.
Tiene 198 páginas.

Mi niña Paz, qué tiempos.
Mi niña Paz Vega López, quién te viera como yo te veo.
Si mi niña Paz no perteneciera al mágico mundo de las nebulosas, a estas alturas de la vida contaría 31 años de edad, y tal vez sería madre de familia, o tendría, entre sus más urgentes preferencias, reproducirse.
Me dice mi niña Paz que se reproduzca mi perrita. Me dice mi niña Paz que al mundo de las nebulosas pertenecen mis tías. Me dice mi niña Paz que es eternamente feliz con sus eternos 18 años eternos, con un puesto asegurado en mi corazoncito, y con el hecho de NO haber conocido, personalmente, a sus notables implicados: Arcadi Espada, Iván Tubau, Mihály Dés, Jordi Bernal, José María Albert de Paco, e incluso Pedro de Andrés, que le puso web.
Qué carácter.

Paz Vega López, en CALIENTE

Paz Vega López en un momento sosegado de su estancia en Ibiza

Paz Vega López nació el 30 de octubre de 1985. Se dio a conocer en 2004, con apenas 18 años de edad, cuando empezó a escribir en Internet su diario personal. Ella misma se presentaba así: “Vivo en Madrid. Últimamente estoy insoportable porque he sacado dos nueves en la Sele, en Lengua y en Literatura. Soy una chica precoz. Y no sólo por mi avidez cerebral. A los 12 años hice el amor con mi mejor amiga y a los 14 me desvirgó un novio de la ESO que sólo me duró un mes. Sí. Soy abiertamente bisexual”.

Paz Vega López también es el seudónimo del escritor Antonio Gálvez Alcaide. Su creador afirma que su personaje fue un experimento unamuniano. Y añade: “Sin entrar en la sobrecarga erótica de esta novela, lo que tiene de testimonio es lo que me resulta más curioso. En alguna medida, Paz Vega López sedujo sin proponérselo a una parte de la intelectualidad barcelonesa y de más allá”. Efectivamente, editores, periodistas y escritores consolidados se sintieron atraídos por Paz hasta el punto de rozar el amor. Muchas personas vivieron dentro de una novela sin sospecharlo. Caliente es la historia de Paz Vega López, una chica vivísima con ínfulas literarias que carga, sin tapujos, contra la literatura española actual, llora con los atentados del 11-M o se entera de la muerte de la novelista Carmen Laforet mientras bebe chupitos de tequila y escribe en su blog, momentos antes de trasladarse a la noche madrileña.

Ver ficha completa, aquí.

Un prólogo retardado…(160)

El rostro que me inspiró el personaje de Paz Vega López

Paz Vega López, queridísima amiga, me pide que le publique en este parapeto, poco a poco, su primera novela. Ella supone encontrar en mí una «fuente de autoridad» para su promoción.

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 167).

Bronca, desafíos…(36)

luchadora

Un reto literario. Dejo aquí todo lo ocurrido, el otro día, en el blog de Arcadi.

(…)

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 47).
Nota del autor:
Estos mensajes fueron reales. Son el único motivo por el que estas personas aparecen en el libro.

Fin de la nostalgia…(28)

Duran Lleida
Escrito por: dxs – 3 Febrero 2004 12:52 PM
Paz, preciosos ojos con los que miras el mundo, iluminándolo de azulito cielo…

(…)

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 36).
Nota del autor:
Estos mensajes fueron reales. Son el único motivo por el que estas personas aparecen en el libro.

Nostalgias de unas letras…(27)

Juan Alfonso de Baena

Dios

Hace pocas horas, en el blog de Arcadi, he escrito sobre el genio literario.

(…)

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 34).
Nota del autor:
Estos mensajes fueron reales. Son el único motivo por el que estas personas aparecen en el libro.

Movida

Quemado por la insistente falta de respeto del circulillo de amigos surgido dentro del blog de Arcadi Espada, desde la grandísima quedada general que significó Caliente, de mi niña Paz, (…)

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Cortesías.

¿Cenáculo?

Dolor de cabeza por la mañana, y un Gelocatil. Me parece que he dormido en mala postura, enroscado como una culebra, con la sangre coagulada en el cerebro, latiendo mal, embotellada, soñando pesados bucles reiterados. Y el clima. La carga del cielo cubierto. Su presión atmosférica sobre las sienes. Van a darme las uvas y voy a seguir con manga corta. Un otoño muy raro. Menos dolor de cabeza. Todo se evapora. Todo va a su aire, como debe ser: la familia, los alumnos, los pocos amigos que uno tiene… Eso de las amistades. Verónica Puertollano, atenta, muy grata, para celebrar “el nacimiento editorial de la niña Paz”, intenta organizarme un encuentro con algunos implicados de Caliente: Arcadi Espada, Jordi Bernal, José María Albert de Paco, Iván Tubau e incluso Teresa Giménez, todo un cúmulo de gente avispada y buena. Demasiado para una figura tan triste y mínima como la mía. De esto hace ya una semana. Las agendas hierven. No creo que tenga lugar esta reunión. Una reunión que en absoluto echo de menos. Carezco de atenciones. Uno no puede echar de menos lo que jamás ha tenido. Por otro lado, no me gusta reunirme con nadie, ni siquiera con gente afín y buena. La vida es tan ondulante… y uno anda tan complacido con la soledad… Arcadi Espada persona paralela, y Jordi Bernal hondo, siempre entrañable, por lo que sé ya dijeron que sí a la cita. Iván Tubau, dando por primera vez señales de vida, en un e-mail titulado “Más vale tarde que nunca”, me dice a mí que sí, y que le ha dicho a Vero que, por Caliente, habría de cobrar derechos de autor si los hubiere. Este Iván siempre me ha parecido tan cercano y hermano como pardillo: cobrar derechos de autor de un material de desecho, únicamente con sentido si se trabaja como he hecho yo, si se trabaja como también lo puede hacer él. Le regalaré la idea si “por fin nos vemos las caras”, frase que le gusta referirme, frase entresacada de uno de los hijos de Balzac, que contiene un sí es no es de moscas, con la que parece que me vaya a comer. Este Iván Tubau, siempre tan hermano y pardillo. La verdad es que lo aprecio muchísimo. Caigo en la cuenta. Casi ningún dolor de cabeza. Escribo y mis males desaparecen. Cuando escribo, ni siquiera noto el paso del tiempo, ese amigo que me trata tan bien desde chico. El cielo que parece caerse por su propio peso. La mención de una gente que se mueve en la vida. Las dulces soledades de mi guarida. Todo bien paladeado. Y llegando a las diez y cinco de la mañana.

Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006

Iván Tubau