Sobre la narrativa actual

¿Que opine sobre la narrativa actual? La respuesta es sencillísima. La narrativa actual es una mierda. La asepsia es el garabato dominante. Nada de infecciones. Todo edulcorado. Ninguna palabra por encima de otra. Todos los narradores iguales, como estúpidos calcos. Algunos de ellos con la potra de contar con una descaradísima operación de mercadotecnia. Todos dominados por el gran jefe, el gran matador, la gran criba, el gran manipulador cultural: las empresas editoriales, valga la redundancia.

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Prólogo de Relatos del fuego sanguinario y un candor (2ª edición)

En Madrid, durante la entrega de premios al cuento Justinita la Idolatrada, que pertenece a Relatos del fuego sanguinario y un candor

PRÓLOGO

Cuando escribí mi primer cuento hispanoamericano, «Eduvigis Lindavista», hace exactamente veinte años, en agosto de 1989, no sabía que mi niña Eduvigis daría pie a todo un libro de contenido y forma, de paisajes y espíritu hispanoamericanos. Por aquel entonces, lejos quedaba la lengua española de América; muy remota, la vivísima respiración del paisaje hispano; completamente ajeno, aquel conjunto de países transoceánicos, con el brutal y miserable establecimiento de muchos de sus gobiernos, tanto del pasado como del presente. Lo único que me resultaba consustancial sobre aquel mundo era la capacidad de conexión con las almas de los personajes hispanos de mi propia inventiva, unas almas encerradas en unos marcos paralelos, reconocibles, de ciertas realidades hispanoamericanas. Así que a través de mis propios personajes, fui consciente de una sensibilidad muy profunda hacia lo que es y significa Hispanoamérica. Desde entonces me interesó su pasado, su presente, su futuro, casi tanto como la realidad de mi propio país. Ciertamente hay un lazo de unión entre Hispanoamérica y España.

Como digo, no pude sustraerme a la fuerza dramática de aquellas gentes, a la mole bestial de sus paisajes. Parecía que mi primer personaje hispano, la niña Eduvigis, una niña de siete años muerta «en olor de santidad», una niña santa, tiraba de mi mano con su poderosísima energía, que avivaba mi intuición narrativa, que transformaba mi tonalidad lingüística de español en tonalidad lingüística de americano, para la que no desdeñé muchos usos y registros andaluces. En aquel torrente de imaginación narrativa que cayó sobre mí, y que duró seis años, entre periodos de duermevela y agitación entusiasta, no estuve solo. La tradición literaria, con su impresionante fuerza, tiró de mí casi tanto como la niña Eduvigis. Hay tres nombres: Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Ramón María del Valle-Inclán. Aquí están los tres autores que me empujaron, que representaron por aquella época todo un sano y escalofriante pique de escritor. Para qué ocultarlo. Mi intención era igualar o superar la imponente obra literaria de los tres grandes maestros citados. No hay que reírse de mi atrevimiento. Uno era joven y tenía la potra siempre tiesa. Así que mi osadía hay que englobarla en ese contexto, en el de la inocencia que acarrea la juventud. Qué tres grandes escritores. Dentro del registro hispano, el más grande, y con mucha diferencia, es Juan Rulfo, que tuvo la forma, el fondo, la poesía, el coraje narrativo en la masa de la sangre.

Portada de Relatos del fuego sanguinario y un candor

Esta edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor es la segunda. Se trata de una edición revisada, corregida y ampliada, como dirían los tratadistas. De sus diez historias, sólo dos fueron galardonadas con premios literarios. Y eso fue así porque con la ingenuidad de la juventud, los escritores mandan a concursar sus obras, por comprobar con cierto morbo qué hacen con ellas. Fueron premiados los relatos «Eduvigis Lindavista», con el I Premio Teruel de Relatos, en octubre de 1989, apenas dos meses después de su punto final, y «Justinita la Idolatrada», que fue Hucha de Plata en 1993, en el XXVIII Concurso de Cuentos Hucha de Oro. Relatos del fuego sanguinario y un candor. Ya está aquí su segunda edición. Cuántos años sin bucear, de nuevo, en aquellos ambientes de mi creación. He de confesar que cuando comencé a leer la primera de sus historias, para las galeradas, se me puso la piel de gallina con la descripción del nacimiento de la niña Eduvigis. Hay que ver lo que los escritores son capaces de escribir guiados por la ufana batuta de su juventud, por el sano veneno que te permite intentar emular los grandes logros de los mejores maestros.

Aquí estampo la segunda edición, veinte años justos después de finalizado su primer cuento, diez años después de que otro de mis personajes, Salvador Hurtado, el protagonista de la novela El solitario, viera en sueños a la niña santa, un asunto que me hizo pensar sobre si la niña Eduvigis, más que un cuento y el protagonismo esporádico en la saga de sus historias, podía merecer su propia novela. Todo un asunto que me abrumó, por el colosalismo de la ingente dificultad que conlleva. Bien es cierto que nunca se sabe lo que un escritor puede dar de sí. Pero a día de hoy, uno conoce perfectamente lo que la disponibilidad del tiempo concede, un tiempo que quema sus minutos, que los encrespa, un tiempo que me hace comprender la imposibilidad de superar, sobre la niña santa, lo que ya tengo escrito.

El Padró, Las Planas, 8 de agosto de 2009

¡Llegan sus vacas sagradas!…(16)

Josep Pla

Juan Rulfo

Charles Bukowski

José Pla. Tengo que aclarar que sé muy bien que su nombre de pila se eskribe Josep, lo que pasa es que me suena muy rara su pronunciación en catalán. Esto que me sucede se llama prejuicios lingüísticos. Como vemos en la foto, con su boina puesta, José Pla tiene el aspecto de un pueblerino total. Parece que le va a pegar un palo a una cabra. Pues nada más alejado de la realidad. Este verano me he leído Cartas de lejos, unos artículos eskritos antes de nuestra guerra civil, absolutamente modernos. Por lo que sé, José Pla se metió a la soledad. ¿Cómo pudo hacerlo siendo el autor más viajado y europeo de todos? Alucino por un tubo con José Pla. Pronto le hincaré el diente a El cuaderno gris. No lo he visto nunka en la tele, pero según un artículo de mi vaca Gálvez, hay una cinta de vídeo a la venta sobre una entrevista que le hicieron una vez. Si busco esa cinta, la encuentro. Fijo.

Juan Rulfo, Juan Rulfo, Juan Rulfo. ¡Ah, qué lástima me da! No sé si con la madurez lo valoraré más. Sólo eskribió dos libros, una novela y un libro de cuentos. No sé por cuál de ellos decantarme. Un genio que se me escapa por culpa de mi carácter tremendamente urbano. Soy muy de ciudad y el vocabulario del México local como que me pilla un poco bastante lejos. Juan Rulfo, un genio de la poesía en la narrativa, un hombre que tan sólo eskribió dos libros y le dieron el premio Cervantes y es traducido en todo el mundo. ¡Qué pasada! Seguro que lo valoro más con la edad.

Mis vacas sagradas

Charles Bukowski. Este eskritor decía que le encantaría llegar a los ochenta años para follarse chavalas de dieciocho. Y yo tengo ahora mismo casi dieciocho. ¡Es tan magnífico este askeroso alcohólico que reconozco que yo me lo tiraría sin reticencias. Decía de sí mismo que tenía la polla doblada hacia la izquierda. ¡Qué morbo! Fue un eskritor ninguneado la mayor parte de su vida.

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 24).

Gabriel García Márquez

Un recuadro publicitario de un periódico ocupa toda la anchura del papel. Aparece Gabriel García Márquez con los brazos cruzados. Imagen de espontaneidad.

Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006