Jesús de Nazaret, muerto

—Totalmente real —continuó Salvador—. Fue la mortaja de Jesús de Nazaret. Y en ella no sólo se aprecia ese rostro que veis, sino toda la silueta de su cuerpo, grabada a fuego.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 120).

En el sofá

sofa

—Algo que puede parecer una pirula, en su boca hace gracia. Nunca malrolla mi colega. Es un genio de veintisiete tacos, sólo cinco más que los cuatro que estamos aquí sentados en este sofá. ¿Queréis saber por qué se volvió loco por su piba?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 116).

La sábana santa de Turín, de nuevo

Aunque Fede ya estaba avisado, descubrió las manchas de la pared y el techo sin conseguir un mínimo grado de disimulo. Le desconcertaron sus formas inequívocas, rigurosamente exactas a las del Cristo yacente de la Sábana Santa de Turín.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 115).