Sol, mar

Una gamba

Hay que ver, vaya solar más pisoteado de yonquis.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue», del libro Cuentos agrios (pág. 118).

Robos domésticos

Un monedero

Mi cabeza me pide que hable con mi cabeza, pero yo no sé muy bien si hoy me entiendo con ella. Qué, cabeza, ¿nos hallamos?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue» , del libro Cuentos agrios (pág. 117).

La imagen de una madre

Ya no distingo el bien del mal. Sólo sé que tuve una madre buena y que adoro su voz y que odio y que camino desarmado

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 75).

Haciendo memoria

Mi madre. Sólo recuerdo un fragmentario sonido de su voz. Una voz sin palabras.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 68).

El bebé en sus brazos

Bebé en brazos de su madre

El trepidante verano era menos verano en esos momentos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 23).

Fin de 2010

Al último día del año le cuesta amanecer. Las ocho menos cuarto de la mañana, y ni un rayo de luz solar en la calle. Llovizna, no hace demasiado frío. Algunos goterones se ponen sonoros, vagos, muy vagos, al estrellarse en algunas techumbres de plástico, huecas, muy huecas, de los cuartos trasteros de los bajos. Con la pereza de un nene embobado, con el legañoso discurrir de un nene siempre en la luna, amanece el último día del año. Es un día lento, muy lento, como de puntillas. La llovizna ni siquiera deja agua en los cristales de las ventanas.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Hospitalidad

Como los habitantes del chamizo eran niños, los minutos transcurrían inquietos de chiquillerías.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.

La primera nostalgia

—Niño hombrón, ¿en qué piensa?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 76).

Sentimiento de soledad

La tarde, como de costumbre, masacraba las corduras

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 72).

Un día esperadísimo

Es que aquella mañana era la mañana del viernes.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 55).

El poder de la valentía

Pero yo pasé la orilla y ella se hubo de quedar de pie sobre el agua, toda mojadita de espanto e impotencia.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El día aquel del cementerio» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 26).

De retirada

Los camareros, al final de su briega, respiran el aire fresco del ciprés

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 165).

Dos amigos

Casi todos los muertos se conocen

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 157).

Tristeza condensada

¿Dónde estará mi madre?

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 130).

El misterio de la existencia

Mirando los delicados ojos dormidos de la difunta Mercedes,

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 128).

Nieve en verano

La madre del agonizante mira a la abuela, y después hacia los inmutables ojos de la muerte

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 116).

Un retorno portentoso

El agonizante acepta la certeza de los hechos

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 115).

Primerísimos recuerdos

La joven madre del agonizante, con sus veinte años, viste de luto.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 113).

Un cumpleaños

Mi madre ha tenido que cumplir ochenta años de edad para que la familia, al completo, le hiciera una fiesta de cumpleaños.

Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006