Mal de ojo

—¡Sé lo del mal de ojo, putasquerosa!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 94).

En el cementerio de Montjuïc

Los dos empleados mantuvieron sujeta, en todo momento, a la vieja prostituta, que desprendía espumarajos cada vez que abría la boca.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 93).

Tremenda liberación

Parecía un lobo liberando su pata del cepo opresor, mortal.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 18).