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EL PASEO DE LOS CARACOLES, una cita de cada página, en ABIERTO

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Entradas Etiquetadas ‘Literatura’

Ray Loriga, su gato remuerto

Lunes, 18 de Enero de 2010 Sin comentarios

Un gato muertoEl alma en los pies. Acabo de conocer al gato remuerto del escritor Ray Loriga. Pobre gato remuerto, torpe y hazmerreír en la muerte, caricatura de lo que fue en vida. Desencajado su esqueleto sintáctico por una pluma cegata, el fantasma del gato remuerto de Ray Loriga acude a mí implorando, suplicando. Pretende que espante la estúpida alusión a su cadáver, deshonra de las letras patrias, pedrada en la frente. Si El dardo en la palabra, del maestro Lázaro Carreter, levantara la cabeza…

Resulta que Ray Loriga escribe hoy en el diario El País que se tropezó con «el cadáver de un gato muerto». Inmediatamente asoma tras mi ventana, debajo de un coche aparcado, la imagen de su opuesto: el cadáver de un gato vivo. Tuerto de un ojo, cargando sus lanas sucias, cojeando de una pata, se retira de mi vista en estado de postración resignada. Se retira tal como es: el cadáver de un gato vivo.

Todo sigue igual. No ocurre nada con un dardo en la palabra. Nada es más triste que antes. Nada es mejor que antes. Así que dejemos el cadáver de un gato muerto como símbolo de la brillante postración de la literatura española actual, siempre tan resignada, envarada, acartonada; siempre tan bien mandada, como hecha por encargo, fluyendo en los corsés requeridos.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Inquietante declaración

Jueves, 7 de Enero de 2010 Sin comentarios

Una imagen que simboliza el paso de la vida a la muerte

Reconozco que me estoy acojonando. Las palabras de esta chica contienen ciertas inclinaciones sobrecogedoras.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 140).

Mujer, literatura y noche

Lunes, 28 de Diciembre de 2009 Sin comentarios

Bragas que se transparentan

—Me han dicho que escribes, que te han publicado un libro.

Yo no sé qué decir. ¿Quién es este chocho? ¿De dónde ha salido? Aparenta unos veinte años.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 133).

Joan Brossa

Viernes, 25 de Diciembre de 2009 2 comentarios

Joan Brossa, en el instante de la sonrisilla de crío zascandilUn par de horas antes de acudir a la cena de Nochebuena con mi madre —los dos solitarios de la familia—, me desternillo de risa, en mi solitaria madriguera, frente a la televisión; una risa muy placentera y ruidosa, incluso escandalosa, sin maldad. Acabo de desternillarme de risa con la presentación que le hace Joaquín Soler Serrano al poeta visual Joan Brossa, una entrevista que tuvo lugar hace treinta y tantos años, en el programa A Fondo, de buen recuerdo infantil en mi memoria, filetes de lomo sabrosamente engrasados en mi paladar.

Resulta que yo me hallaba acomodado en el sofá, a oscuras, a la expectativa, dejando transcurrir la musiquilla inicial del programa, que siempre vuelve a trasladarme a la niñez, cuando repentinamente, como de costumbre, sale el trajeado periodista Soler Serrano, grandote, oblongo, como un militar de la Antigua Roma, el general Galba, según Josep Pla. Otra vez el simpatiquísimo Soler Serrano, en otra presentación de las usualmente tremendas, con su carácter enfático, con su talento y facilidad en la suelta de adjetivos ditirámbicos, apabullantes.

Como no encuentro desperdicio, aquí traslado el manejo literal que el simpatiquísimo y renegrido Soler Serrano llevó a cabo en su fantástica presentación:

«Vamos a intentar subirnos por un rato en el mundo fascinante de Joan Brossa. Joan Brossa, que es un hombre de una enorme versatilidad. Es un gran poeta. Es un poeta múltiple, disparada su sensibilidad hacia campos y caminos muy variados. Es un hombre de una poesía insidiosa y violenta en ocasiones. Es un hombre de una poesía revulsiva. Tiene también, por otra parte, sonetos que son de una rara perfección. Es al mismo tiempo el hombre de los poemas visuales. Es el gran autor de un teatro que rompe un poco con las estructuras del teatro clásico. Es, en definitiva, un conquistador, un experimentador, un hombre que está siempre en la línea del más allá de lo posible».

¡La Virgen! ¡Menuda presentación! He de confesar que mis carcajadas estallaron prácticamente al arrancar el discurso de Soler Serrano. Cuando terminó su primera línea, al pronunciar el nombre del poeta, tras el adjetivo «fascinante», apareció un primer plano del poeta, que fue recibido por mis aburridos ojos como un cañonazo. De golpe y porrazo, con el inicio, con las laudatorias palabras «poeta múltiple», al poeta se le escapó una breve sonrisilla de crío zascandil, que yo recibí como flechazo de ardiente júbilo. Instantáneamente, en el rostro de Joan Brossa vi al hombre del bar de abajo, un hombre sencillo que suele estar en el umbral de la taberna con una cerveza en la mano. Vi a un hombre de simples ropajes, en contraste con las flamantes telas del periodista. Vi a un hombre refugiado en unas gafas negras, graciosamente bizco y como en Babia. Evidentemente, mis carcajadas aumentaron con los geniales adjetivos, de potentísima fonética, del irrepetible y maravilloso periodista, al mismo tiempo que descubría los dientecillos del poeta, totalmente picados, comidos, podridos, a un paso de convertirse en arena negruzca, penosa circunstancia bucal muy recurrente en la turbamulta de mi barrio… Joan Brossa, el poeta de los sonetos reglados, de las dificultosas sextinas; el poeta de las letras que se quiebran y forman dibujos anecdóticos y abstracciones.

Me ha caído muy bien este hombre, pese a sus hechuras de cuco. A lo mejor algún día me acerco a su obra.

*

—Mama, acabo de reírme a carcajadas, digo a carcajadas, con una entrevista que le han hecho a un poeta.
—Pues yo no me río así desde hace años. No hay nada… No sé…

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Palabras irreverentes

Domingo, 1 de Noviembre de 2009 Sin comentarios

Códice Beato de Liébana (copia del siglo XIII) A ver quién se ha librado alguna vez del pretendido veneno de las palabras irreverentes. Nadie. Ni Dios desde su sagrada palabra indirecta en el Viejo Testamento, que tantos conocen. Ni Cristo desde su sagrada palabra indirecta en el Nuevo Testamento, que tantos conocen. Ni siquiera los santos, desde sus palabras volanderas, que por volanderas no tantos conocen. De ahí para abajo, la humanidad ha experimentado una especie de competición de irreverencias por ver quién la decía más gorda, sólo por comprobar quién la lanzaba más gorda que los santos, unos entes más cercanos y asequibles que Cristo y Dios. Acabo de indicar que ni siquiera los santos. Y que no tantos conocen las palabras volanderas, descarnadas, esputadas por los santos. Entonces recuerdo los puyazos que se lanzaron mutuamente san Beato de Liébana y san Elipando de Toledo, en el siglo VIII.

Resulta que se discutía sobre teología casi hasta llegar a las manos en el I Concilio de Toledo. Y que se cortaban con la mirada Elipando y Beato, que, indiscutiblemente, llevaban una vida ejemplar, una vida de futura santidad oficial. En unas de esas idas y venidas de carraspeos y de gargajo verde, el monje Beato, sudándosela que Elipando fuese arzobispo de Toledo, le dijo a Elipando que era el mismísimo «cojón del Anticristo». A lo que Elipando replicó con que Beato era un «borracho» y un «farsante». Según la óptica de nuestros días, seguro que ambos santos escupieron su violencia verbal por alguna chorradilla ya superada. Sin conocer la chispa que provocó tal intercambio de lengua ardiente, seguro que tuvo razón san Beato, el monje recoleto al que le sobraban los títulos. Y no sólo por la simpatía a que inclina su vida retirada y austera, sino porque su imagen visionaria «cojón del Anticristo» supera con creces a los tópicos términos de «borracho» y «farsante». No en vano, san Beato de Liébana conocía el registro literario de la lengua, se encerró a solas con los demonios de una pluma, le dio caña a ensartar palabras y escribió Comentario al Apocalipsis de San Juan, su famoso códice en el que a lo mejor no deja títere con cabeza, del que ya diré algo cuando lo lea, puesto que lo tengo entre mis lecturas escogidas.

Las palabras de contenido irreverente. Ellas. Cada vez menos impactantes en los receptores de hoy por casi tratarse de un lugar común, por escupirse casi desde la cuna. Pero siguen cumpliendo con su poder de destrucción psicológica, sobre todo si las pronuncia alguien que no suele, de tal modo que producen el efecto de que las palabras hacen más bulto que la persona.

Charles Bukowski tocándole el coño a su esposa, Linda Lee BeighleEn este momento de chupitos de whisky y de escritura corta, como me acuerdo a menudo de que están removiendo los huesos de Federico García Lorca, en su triste fosa de fusilado, por el asunto de las irreverencias llegan a mi memoria unos versos de Charles Bukowski, escritor yanqui, maldito y genial, en los que menciona a Lorca, el mayor poeta de la literatura española. Dicen así: «Villon fue un ladrón. / Lorca chupaba pollas. / T.S. Elliot trabajaba de cajero en una ventanilla, / la mayoría de los poetas son cisnes, / son garzas.».

¿Acabamos de percibir una irreverencia de contenido sexual? ¿O hemos de aferrarnos a la lógica con naturalidad, por la condición de homosexual del poeta granadino? Es sabido que la mayoría de los términos irreverentes se relacionan con el sexo. Aunque algunos, paradójicamente, quizá pueden favorecerte. Cuando en 2004 levanté el seudónimo de mi niña Paz, con Caliente, tras el tinglado que montó con su novela experimental en Internet, alguien dijo, muy desilusionado, que quien se escondía en el personaje de Paz Vega López resultó ser un tío pajero cuarentón con veinte centímetros de polla.

Las irreverencias que se muerden la cola.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

Sobre la narrativa actual

Domingo, 25 de Octubre de 2009 4 comentarios

Literatura¿Que opine sobre la narrativa actual? La respuesta es sencillísima. La narrativa actual es una mierda. La asepsia es el garabato dominante. Nada de infecciones. Todo edulcorado. Ninguna palabra por encima de otra. Todos los narradores iguales, como estúpidos calcos. Algunos de ellos con la potra de contar con una descaradísima operación de mercadotecnia. Todos dominados por el gran jefe, el gran matador, la gran criba, el gran manipulador cultural: las empresas editoriales, valga la redundancia.

Las empresas editoriales actuales tienen como consigna, para la narrativa, la desaparición del registro literario. Saben que la literatura se sustenta en un lenguaje connotado, que desprecian, por lo malsano de su presumible rentabilidad económica. Como creen que el lenguaje connotado va en contra de sus intereses, se lo han cargado. Lástima de los ilusos que tengan la esperanza de que cualquier empresa editorial saque hoy día, como novedad, a un Quevedo, a un Valle-Inclán, a un Juan Rulfo, a un Cela en sus primeros decenios. ¿Tan gruesa es la venda de estos ilusos que no les permite distinguir que la narrativa novedosa que ofrecen las empresas editoriales, desde hace unos cuarenta años, se inserta dentro del registro informativo de la lengua (el de los periódicos, el de los libros de texto), no dentro del registro literario? Las empresas editoriales actuales creen de antemano que los lectores, los compradores de sus productos, son gilipollas. Creen de antemano que los lectores actuales no pueden comprender, valorar y sensibilizarse con una novedad narrativa cercana a la altura de un Quevedo, de un Valle-Inclán, de un Juan Rulfo, de un Cela antes de caer en la chochez. Para eso ya están los libros de bolsillo de esos mismos escritores, ¿no? Pues a tomar por culo la evolución literaria de un país. Por lo menos en España, llevamos ya entre cuarenta o cincuenta años sin evolución literaria. Las empresas editoriales, con sus tabúes —posiblemente espejo de la mayoría de los tabúes de la sociedad a la que se dirigen—, tienen la culpa. Ninguna palabra por encima de otra en los narradores actuales. Todo en un registro informativo que no se despeina. Así que parece mentira que los narradores actuales conozcan empíricamente el dolor de una patada en la boca o en los huevos, o que sepa que el vecino de al lado ha hecho literalmente picadillo a su bebé, o que quepa la opción de cualquier cosa que necesite de una descripción meticulosa, literaria, que produzca sensualidad, sonrojo, alarma, pánico, asco en el lector. Todo aséptico. Nada connotado. Retraso literario de casi cincuenta años.

Pero toda opresión termina por encontrar su salida, como el agua. Cayó el nazismo. Cayó el comunismo. Y en términos literarios, la principal herramienta que sacará de la pobreza literaria a cualquier país se llama Internet, una herramienta que ha llegado, vaya casualidad, con el siglo XXI, una herramienta que utilizarán, exclusivamente, los principales talentos literarios de cualquier país, unas personas absolutamente liberadas de las empresas editoriales, siempre dictadoras de parámetros, porque ellos mismos serán persona y empresa, letras digitalizadas rabiosamente individuales, unos escritores con la constante de expandir a los cuatro vientos, a los miles de plumíferos, el valor de la individualidad literaria, el mensaje de que cada barco aguante su vela. Como ocurre en cada siglo, los narradores que perdurarán se cuantificarán como con cuentagotas. Pero saldrán, que es lo importante. Saldrán.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

*

CARTA A LOS JÓVENES ESCRITORES

Recordando

Jueves, 1 de Octubre de 2009 Sin comentarios

Playa de Castelldefels

2003. Recuerdo que aquel año estuvo lloviendo casi todo el mes de abril, y que el sol de junio aparecía tras las ventanas como una mole de fuego, y que el 8 de agosto se me presentó la niña Paz, tan complaciente como Ibiza, pocos días después. Qué tiempos.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

En Esparraguera, hacia la derecha

Miércoles, 30 de Septiembre de 2009 Sin comentarios

Aparcamiento de Esparraguera, con la montaña de Montserrat al fondo

Y en ella mis ojos tirando hacia la derecha hasta vislumbrar, muy lejos, el río Llobregat, una pequeña curva inerte en el horizonte, como el descuidado manchón de un óleo. Y mis ojos tirando hacia la derecha hasta vislumbrar, muy lejos, la humilde ermita románica de Santa María del Puig. Y en ella mi mirada, como quien respira un manojo de siglos serenos, en un instante. Y mis ojos tirando hacia la derecha hasta contemplar la inmensidad de la montaña de Montserrat, esa prominencia de roca pulida y oronda, el alma de las mujeres, puesta en estampa sorprendente delante de la ciudad para impresionar, para que se evaporen los espíritus sensibles, para que las pequeñas pupilas se llenen de inmensidad, de admiración, de imaginación.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

La hemeroteca virtual de ABC

Domingo, 27 de Septiembre de 2009 Sin comentarios

"Después del sueño", en el semanario dominical Blanco y Negro, del diario ABC

Ayer me enteré de la inauguración de una nueva página web, se llama hemeroteca.abc.es. Pues bien, o parece que han rehecho los ejemplares de ABC al libre albedrío de algún maniático, o parece que, por la cara, se han quitado de encima a infinidad de articulistas. Porque tanto yo, como otros muchos, muchísimos, no aparecemos. Diez artículos míos tiene el diario ABC. Y ninguno sale a relucir. Diez artículos en diez ejemplares de periódicos que guardo en el baúl de los recuerdos. De cuando me vi en la necesidad de colaborar con la prensa, como único medio de promoción literaria. Tenía dos libros publicados por aquel entonces. Qué tiempos. Menos mal que la promoción literaria de los escritores del siglo XXI ya no depende, en exclusividad, de las editoriales y de la prensa. Los escritores del siglo XXI dependen de sí mismos, exclusivamente de sí mismos en la mayor parte del porcentaje que existe. Internet como fuente de liberación. Ya he hablado de eso en Dietario en Red.

Vaya, vaya, menudo lío se ha hecho la hemeroteca de ABC para Internet. Sus ejemplares no son reales. Sus ejemplares están equivocados. No sé si con aviesa intención. En cambio, mis cuentos del semanario Blanco y Negro sí aparecen. Tanto «Después del sueño» (123) como «Anhelos y luces» (123) pueden leerse en la versión que les mandé. Como se sabe, ambas historias pertenecen al libro Cuentos agrios.

La hemeroteca de ABC para Internet. A través de ella, el lector curioso que me sigue podrá leer la primera edición de estos dos cuentos míos. Cosa que recomiendo, como es natural.

"Anhelos y luces", en el semanario dominical Blanco y Negro, del diario ABC

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Un recuento. El Lazarillo

Lunes, 7 de Septiembre de 2009 Sin comentarios

Portada del Lazarillo, edición de Medina del Campo

Ahora que se extingue el verano, ahora que se aproxima el ruido de las aulas, ese carrusel imprevisible, echo la vista atrás. Se evapora el verano, como una sonrisa acartonada, como una sonrisa de bella frescura que hechiza, como cualquier cosa que se apaga. Se retira del tapete el verano, el mayor periodo vacacional de los profesores. Y yo no he dejado de trabajar. Desde un punto de vista técnico, yo no he hecho vacaciones. Dicen que sarna con gusto no pica. Este es mi caso. Salvo unos días, durante la primera semana de julio, en que me dediqué a rascarme la barriga, no he dejado de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, sin perdonar un solo día, como una máquina literaria. Sarna con gusto no pica.

Antes de concluir el examen de la segunda edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor, me fui a Toledo. A escribir. Toledo. Allí siempre con mi libreta y mi bolígrafo, escribiendo en cualquier recoveco. Sobre un escalón. Sobre una piedra. Sobre unos hierbajos. Sobre mis pies, tieso como un palo. Sobre alguna nube de mullida inspiración. Jamás me detuve. Jamás me detengo. Mientras la gente pasa como si no existiera yo, como si no existiera ella misma. Hasta que se deja notar, con sus clavos, las menos de las veces. O con sus dedos de tulipán, las menos de las veces. Siempre escribiendo. Siempre corrigiendo. Sarna con gusto no pica.

Terminé la corrección de los relatos hispanoamericanos. Pero lejos quedó la interrupción del respiro. Pocos días antes ya me había adentrado, de cabeza, en la magistral joya del Lazarillo. Y me afané en trasladar su arcaico y engorroso texto al español actual. Toda una doma sintáctica. Toda una investigación sobre el sintagma inexistente hoy. Y ese léxico en desuso, o que hoy significa lo contrario. Menudo lío. Menudo desafío. Y qué inmenso placer. Tocar palabra a palabra, sin prisas, y hasta con cariño, la gran obra de Alfonso de Valdés, el autor del Lazarillo, oculto en el anonimato casi medio milenio, un autor cuyo rastro, en mi obra, aparece explícitamente en Como las víboras.

Sí, en efecto, voy a publicar una lectura adaptada del Lazarillo a los modos actuales del castellano. Para que los ojos hagan una lectura continua, sin que tengan que frenarse en las notas de a pie de página, si es que las hay. Para que se lea un texto tal como el gran Alfonso de Valdés lo hubiera escrito hoy. Sin que queden dudas. Cada folio del texto lo voy solucionando en una hora y media, más bien larga, con un resultado sorprendente. Qué gusto. Y sin escatimar consultas. Muchas. Muchas veces, en el meollo de los rigores de la larga canícula que hemos soportado, con el revés de la mano he tenido que enjugarme las pestañas, literalmente empapaditas de sudor. Sarna con gusto no pica. Qué gusto. El Lazarillo, átomo a átomo, cristalizado en mi maquinaria literaria.

—Bien está, Antonio. Gracias.
—Gracias a ti, Alfonso. Todo un honor, erasmista.

Prosigo. Voy por el folio 43. Ya quedan menos. El sol hoy no se cuece tan enojado. Las excavadoras de la calle descansan. Sarna con gusto no pica.

Prólogo de Relatos del fuego sanguinario y un candor (2ª edición)

Martes, 1 de Septiembre de 2009 Sin comentarios

En Madrid, durante la entrega de premios al cuento Justinita la Idolatrada, que pertenece a Relatos del fuego sanguinario y un candor

PRÓLOGO

Cuando escribí mi primer cuento hispanoamericano, «Eduvigis Lindavista», hace exactamente veinte años, en agosto de 1989, no sabía que mi niña Eduvigis daría pie a todo un libro de contenido y forma, de paisajes y espíritu hispanoamericanos. Por aquel entonces, lejos quedaba la lengua española de América; muy remota, la vivísima respiración del paisaje hispano; completamente ajeno, aquel conjunto de países transoceánicos, con el brutal y miserable establecimiento de muchos de sus gobiernos, tanto del pasado como del presente. Lo único que me resultaba consustancial sobre aquel mundo era la capacidad de conexión con las almas de los personajes hispanos de mi propia inventiva, unas almas encerradas en unos marcos paralelos, reconocibles, de ciertas realidades hispanoamericanas. Así que a través de mis propios personajes, fui consciente de una sensibilidad muy profunda hacia lo que es y significa Hispanoamérica. Desde entonces me interesó su pasado, su presente, su futuro, casi tanto como la realidad de mi propio país. Ciertamente hay un lazo de unión entre Hispanoamérica y España.

Como digo, no pude sustraerme a la fuerza dramática de aquellas gentes, a la mole bestial de sus paisajes. Parecía que mi primer personaje hispano, la niña Eduvigis, una niña de siete años muerta «en olor de santidad», una niña santa, tiraba de mi mano con su poderosísima energía, que avivaba mi intuición narrativa, que transformaba mi tonalidad lingüística de español en tonalidad lingüística de americano, para la que no desdeñé muchos usos y registros andaluces. En aquel torrente de imaginación narrativa que cayó sobre mí, y que duró seis años, entre periodos de duermevela y agitación entusiasta, no estuve solo. La tradición literaria, con su impresionante fuerza, tiró de mí casi tanto como la niña Eduvigis. Hay tres nombres: Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Ramón María del Valle-Inclán. Aquí están los tres autores que me empujaron, que representaron por aquella época todo un sano y escalofriante pique de escritor. Para qué ocultarlo. Mi intención era igualar o superar la imponente obra literaria de los tres grandes maestros citados. No hay que reírse de mi atrevimiento. Uno era joven y tenía la potra siempre tiesa. Así que mi osadía hay que englobarla en ese contexto, en el de la inocencia que acarrea la juventud. Qué tres grandes escritores. Dentro del registro hispano, el más grande, y con mucha diferencia, es Juan Rulfo, que tuvo la forma, el fondo, la poesía, el coraje narrativo en la masa de la sangre.

Portada de Relatos del fuego sanguinario y un candor

Esta edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor es la segunda. Se trata de una edición revisada, corregida y ampliada, como dirían los tratadistas. De sus diez historias, sólo dos fueron galardonadas con premios literarios. Y eso fue así porque con la ingenuidad de la juventud, los escritores mandan a concursar sus obras, por comprobar con cierto morbo qué hacen con ellas. Fueron premiados los relatos «Eduvigis Lindavista», con el I Premio Teruel de Relatos, en octubre de 1989, apenas dos meses después de su punto final, y «Justinita la Idolatrada», que fue Hucha de Plata en 1993, en el XXVIII Concurso de Cuentos Hucha de Oro. Relatos del fuego sanguinario y un candor. Ya está aquí su segunda edición. Cuántos años sin bucear, de nuevo, en aquellos ambientes de mi creación. He de confesar que cuando comencé a leer la primera de sus historias, para las galeradas, se me puso la piel de gallina con la descripción del nacimiento de la niña Eduvigis. Hay que ver lo que los escritores son capaces de escribir guiados por la ufana batuta de su juventud, por el sano veneno que te permite intentar emular los grandes logros de los mejores maestros.

Aquí estampo la segunda edición, veinte años justos después de finalizado su primer cuento, diez años después de que otro de mis personajes, Salvador Hurtado, el protagonista de la novela El solitario, viera en sueños a la niña santa, un asunto que me hizo pensar sobre si la niña Eduvigis, más que un cuento y el protagonismo esporádico en la saga de sus historias, podía merecer su propia novela. Todo un asunto que me abrumó, por el colosalismo de la ingente dificultad que conlleva. Bien es cierto que nunca se sabe lo que un escritor puede dar de sí. Pero a día de hoy, uno conoce perfectamente lo que la disponibilidad del tiempo concede, un tiempo que quema sus minutos, que los encrespa, un tiempo que me hace comprender la imposibilidad de superar, sobre la niña santa, lo que ya tengo escrito.

El Padró, Las Planas, 8 de agosto de 2009

Nuevo libro

Lunes, 31 de Agosto de 2009 Sin comentarios

Ya se encuentra toda mi obra literaria, hasta la fecha, en Morfeo.
Sobre este libro, incluso compartiendo cartel.
También disponible en e-Book.

Portada de Relatos del fuego sanguinario y un candor

Cosas de profesionales

Viernes, 21 de Agosto de 2009 Sin comentarios

Luis de Góngora, padre del Culteranismo

A veces, con la adrenalina tocándome la chumbera del culo, me pongo filósofo, redicho, como culterano fracasado.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 20).

Fin de experimento literario…(163)

Jueves, 6 de Agosto de 2009 Sin comentarios

Caliente, un experimento literario que me resultó maravilloso

Ahora sí. Finalizo mi experimento unamuniano, con sus memorias resumidas, y vuelvo a

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 171).

Simpatía…(162)

Miércoles, 5 de Agosto de 2009 Sin comentarios

simpatia

La niña Paz habría de producir los siguientes efectos en el lector: mucha simpatía y mucho odio, dos sentimientos tan encontrados que a primera vista pudiera parecer imposible llevarlos adelante con éxito. La niña Paz lo consiguió desde el primer momento.

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 170).

Paz Vega López en zapatillas…(161)

Martes, 4 de Agosto de 2009 Sin comentarios

Imagen de la melancolía

Sí. Ya estoy en disposición de liberarme de un angelito que se me pegó como una lapa de forma tan zalamera y gustosa que, cuando le decía adiós, me mostraba sus morritos, encendía el azul de sus ojos y el adiós se convertía en hola.

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 169).

Un prólogo retardado…(160)

Lunes, 3 de Agosto de 2009 Sin comentarios

El rostro que me inspiró el personaje de Paz Vega López

Paz Vega López, queridísima amiga, me pide que le publique en este parapeto, poco a poco, su primera novela. Ella supone encontrar en mí una «fuente de autoridad» para su promoción.

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 167).

En un peldaño

Sábado, 25 de Julio de 2009 Sin comentarios

En un peldaño del Teatro de RojasPor la mañana. Pensando que la polvareda que levanta mi bolígrafo en esta baqueteada libreta, va a descender en densidad. De Toledo, sólo me falta el interior del Alcázar, cerrado por obras. Y según me refirió un librero de la Facultad de Derecho, del antiguo asentamiento de la iglesia de San Pedro Mártir, el acceso a la tumba del gran Garcilaso de la Vega también está cerrado por obras. Así que no he conseguido ponerme frente a los aguerridos huesos del poeta cortesano, enamoradizo, batallador, cosmopolita. Lástima. Casi toda la ciudad de Toledo la veo ya a mis espaldas, tan temprano. Interesante ha sido el recorrido.

En este momento estoy sentado en un peldaño del Teatro de Rojas, en la plaza Mayor. Acabo de desayunar en el bar de la chica que parecía un hada. Acabo de hablar por teléfono con una hermana, y con mi madre. Y presencio cómo una joven, solitaria como yo, se detiene frente a un colmado cerrado, corriente, y dispara una foto a su toldo, al nombre del establecimiento: «Pescadería Pepe». Curioso detalle. Se trata de una joven guapa, con unas cejas destacables, bien pronunciadas, lúbricas, una joven que tiene pantalón corto, una joven entradita en carnes, muy rosada, muy saludable. Me sorprende la imagen que me inspira: un plato de comida.

Como a estas alturas estoy, por primera vez, sobrado de tiempo, voy a echarle un vistazo a la Posada de la Hermandad, a una exposición que se llama «Gladiadores, los héroes de la arena». Ayer compré una de las dagas que asesinaron a Cayo Julio César, hoy voy a observar elementos de su tiempo. Las casualidades. La Antigua Roma. Su admirable, ruinosa y ejemplar literatura, que no me canso de leer.

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