Balance del curso 2009-2010

Al final, irremediablemente, terminó recordándome a las morenazas de las películas que hacen de mala.
Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010


Al final, irremediablemente, terminó recordándome a las morenazas de las películas que hacen de mala.
Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Hay un bobo que, por culpa de la influencia de una mujer, me mira como a un mamarracho. Apenas lo conozco. Apenas nos conocemos. Yo, de él, tan sólo he tenido indicios clarísimos de su memez. Tenemos a un bobo que me mira mal, por culpa de una mujer. Es largo de estatura, corto de miras, un bobo que se me atreve con palabras chamuscadas precisamente porque es bobo. No sabe dónde se mete. Psicológicamente, pueden volarle los dientes.
Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Los granizos ya sólo forman parte de la memoria.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 152).

Sus hijos todavía no lo odian, sólo lo temen.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 151).

—¡Hijoputa —dice—, que te voy a partir la boca!
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 148).

le arrea tal mamporro que el crío sale despedido.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 146).

—Tú, en esta vida, vas a ir de puto culo si mueves las manos así.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 145).

—Muchacho —dice—, estos caracoles no tienen cuernos.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 144).

—¡Un poco de respeto a tu hermana! ¿Oyes? ¡Que hago la calle por ti, para que vayas a la escuela!
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 100).

A veces deslizaba los brazos y las piernas, como si pretendiera incorporarse.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 96).

Flor besó su cruz, como hacía siempre después de espolvorear palabras indecentes.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 87).

El calor del verano era más insoportable que nunca. La callejuela del portal hedía a orines más que nunca.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 86).

La maquinaria de su cuerpo se le obstruía. Las palabras se le resistían. Entre empellones mal avenidos le brotaron algunas francamente concisas.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 53).

La chica avisó. Sabía que cuando avisaba, obtenía resultados.
—No empieces con la lengua sucia.
—Bueno, vale.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 49).

Cae la torre. Estoy muy excitado. Parezco un personaje de Tarantino.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 44).

Se ríen una y otra vez. Si saliera por patas me pillarían a los cinco pasos. Tengo la sensación de que todo me importa una mierda:
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 43).

Toda la mañana en Barcelona, en la Clínica Barraquer, de Oftalmología, con mi madre. Te mandan a la tercera planta. Se entra por una puerta. Se entra por otra puerta. Y por otra. Se te dice que ahora a la séptima planta. Y así.
Estábamos en casa, anteayer domingo. Nos comíamos un cocido, a solas, mi madre y yo. Dos andaluces en paz. De buenas a primeras, con toda la tranquilidad del mundo, como si el asunto ocurriera todos los días en cualquier casa del mundo, mi madre me dice lo que sigue:
—Este ojo lo tengo ya perdido.
*
Ayer terminé con el instituto. Ayer entregué las notas a los chavales de mi tutoría, a las diez de la mañana. Había un nene que tenía ojos de cloro, unos ojos colorados e inflados como tomates, el salitre de las piscinas. Desde las 11 hasta la 13 h consumí el último Claustro. Qué bien. Entregué las llaves de la ciudad galáctica al conserje, un buen tipo. Me despedí de él con anchas sonrisas. Y salí a lo mío. Y llegué a casa. Y encendí el ordenador. Y no hice el balance del curso 2008-2009. Porque tenía prisa. Porque salí del instituto con mucho asco. Creía que el asco, en mi última jornada, sería desbordante. No lo fue. Todo quedó en mucho asco. Un asco producido por los adultos, que es el que no tolero. Los niños malos no me producen asco. Son críos. Yo también fui un crío. Los niños malos sólo me pellizcan ciertos nervios esporádicos, muy desagradablemente, eso sí, lo desagradable del que escucha un estruendo, y luego me olvido, puesto que tomarse completamente en serio a los críos es de idiotas. Lo dicho, no escribo el balance del curso 2008-2009. No estoy de humor. Lo dejo para más adelante, a lo mejor para finales de julio, cuando haya regresado de Toledo, cuando se haya diluido el ardor guerrero inoculado por este instituto, esa lava escamosa, en la consecución de doscientas sesenta y cuatro meadas, más o menos. Evaporación.
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