Mataperros

Cuando me acuerdo del relato Mataperros, inmediatamente llega a mi memoria una alusión popular sobre las personas que nacen con estrella, para a continuación trasladarme a mi remota edad de diecinueve años, allá en Santa Cruz de Tenerife, cuando mi etapa de soldado. Un compañero, de Cartagena, me dijo lo que sigue:

—Tú, Gálvez, has nacido con estrella.

A pesar de los años que iban transcurriendo, no se me olvidaba aquello, ni siquiera cuando las estrellas parecían sublevadas contra mí, dejándome algún que otro morado.

Presencia eterna

Nunca cayeron en la cuenta de que yo poseo un corazón como todos, con su mala bestia agazapada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 79).

La última discusión

Hubo una gran sorpresa. Los compañeros me redujeron. Y durante el forcejeo se escapó un tiro que me rasgó la cara.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 78).

Quedarse atónito

El día clave de mi vida lo afrontaba con una inenarrable calma y una lucidez sin precedentes.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 77).

Persecución y una luz

Una pistola (las carga el diablo)

Pero no, la tajante palabra continuaba resonando por aquella boca de abultados labios, debajo de aquella grasienta nariz pegada, como con sebo, a su obesa y peluda cara.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 76).

La imagen de una madre

Ya no distingo el bien del mal. Sólo sé que tuve una madre buena y que adoro su voz y que odio y que camino desarmado

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 75).

Un apodo malicioso

Un perro vagabundo

Nunca podía borrar de mi mente el aguijón de la venenosa palabra que me enseñó a odiar y a maldecir.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 74).

Muy mala pasada

Matanza de gallinas

Allí hizo más frío que nunca y hube de acurrucarme a los cartones amontonados de las cajas defectuosas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 73).

Una jornada laboral

Una mirada penetrante

Nuestras ocupaciones en el almacén consistían en descargar largos camiones repletos de cajas. Como es natural, yo casi siempre terminaba rezagado (el jefe se ponía a rabiar y

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 72).

Puntos vulnerables

Hipopótamo puede pintarse como un hombre excesivamente malvado, cejijunto, de prominente barriga, de abultados brazos, de malolientes y constantes sudores, de casi dos metros de altura.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 71).

Subestimarse

¿Seré una mala bestia, de esas que dicen estar desatadas? Es posible.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 70).

La vida en la tele

Frente a la televisión en la infancia

No ha sido así y cada uno de mis hermanos ha seguido el mal camino que predomina en nuestro barrio, que es marginal y despliega un gran índice de drogadicción y delincuencia, como alguna vez dicen los periódicos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 69).

Haciendo memoria

Mi madre. Sólo recuerdo un fragmentario sonido de su voz. Una voz sin palabras.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 68).

Personas estrelladas

Señores de la Justicia:
Después de que en el estrado sólo lograra balbucear dos o tres palabras, debido a eso que llaman “impacto emotivo”, me dirijo a ustedes por escrito, como me dijeron, aunque no con poco esfuerzo y tras tachar mucho sobre mucho, ya que esto de la escritura debe de ser para sujetos más sensibles, para cerebros más despiertos que el mío.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 67).