Un edredón de plumas

edredon pluma

—Ya has comprado este edredón. ¿Una tele? ¿Para qué?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 132).

Por vereda

vereda

—Di que sí. Qué bien les has leído la cartilla. Nos tienes que meter a todos por vereda.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 126).

Una paloma verde

Una paloma verde

—¿Eres la paloma verde?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 122).

Como la seda

felicidad

El domingo transcurrió —como suele decirse— como la seda. Sólo se apreció en Salvador un hueco intrincado, que Magdalena alisó de inmediato. Los graves lances recientes coleaban.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 113).

Su esposa

Un espectro

Al otro lado de la Rambla, justo enfrente, a unos quince metros, descubrió a su esposa fallecida, muy cerca del bordillo donde encontró la muerte.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 88).

Por la Boquería y los Palomos

Calle de las Cabras, en Barcelona

Avanzó por los Palomos, como él decía, el Passatge dels Coloms, el sombrío pasaje porticado de recias columnas tapiadas, el pasadizo que exhuma olor de frutas y verduras rebozadas con hielo de pescado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 87).

Su adorada Magdalena

Cuando empezaba a admitir la posibilidad de que su adorada Magdalena podía estar muerta, sonó una sola vez el timbre rompiéndole, de cuajo, el inicio de un nuevo tormento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 79).

Un bordillo

Un bordillo

Le informaba de que se vería obligado a salvar el amargo obstáculo del bordillo

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 67).

Antiguo Testamento

Buena parte de su discurso sobre Salomón está documentado en el Antiguo Testamento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 66).

Calle de las Cabras, Barcelona

Calle de las Cabras, Barcelona

—Vive en la calle de las Cabras, en un canto de la Boquería, con el que fue su macarra, el macarra Ramón, que la quitó de la calle,

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 64).

Atenta entrevista, triste

—¿Y por qué tienes ganas de llorar? ¿Qué te pasó?
—Todo está muy triste y muy feo. ¿Tú no te das cuenta de eso?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 42).

Cierta inquietud, con viento

Un cielo violeta, bajo una amanecida de domingo, la del 18 de diciembre.  Recién abofeteado por la fuerza del viento, el viejo profesor abre la puerta de su casa. Piensa que parece un zarandillo.

Fragmento perteneciente a las memorias noveladas de la serie El viejo profesor