Penoso caminar

El pueblo opaco, a pesar de la mudez de sus desiertas callejuelas, anunciaba a la madre que no le corriera el miedo

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 104).

Mortaja

—Yo vi una vez a la niña Eduvigis muertita, en su caja transparente de la Basílica, y era una prenda como tú, rete linda.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 103).

Sola

Toda la casa se apretaba en el llanto,

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 102).

Inmensa tristeza

El alba rasguñaba la puerta de la señora Justina y terminó cascándose, como huevo de chachalaca, sobre la madera de polilla.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 101).

Cara a cara con la muerte

El pensamiento era la única vida fresca dentro del moribundo.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 88).

Capitán de la Armada española

El traidor Gonzalo de Pineda deliraba, abandonado por los suyos, en la espesura de una selva advenediza.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 87).

Memoria histórica

La voz del pueblo vive como cantilena, de generación en generación

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Memoria de la ciudad sin paz» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 84).

Muertos por todos lados

La trepidante ciudad continuó abastecida de violencia.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Memoria de la ciudad sin paz» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 83).

Atentado terrorista

La mujer sonreía radiantemente, porque ella misma era radiante

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Memoria de la ciudad sin paz» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 82).

Incluso desafiando a la muerte

¡Que no nos fiemos, pueblo, y menos de ese soldado de gafas negras y sin ojos!

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Memoria de la ciudad sin paz» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 80).

El tiempo, el tiempo

La abuela Belisa vive mucho

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 64).

Demasiado para el cuerpo

Los peregrinos retrocedían para reconciliar al aire.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 63).

Larguísimo viaje

El agua llevó a sus dientes los granitos de la tierra templada

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El indiano Zacarías» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 41).

Llega la hora

La resbaladiza piel de la negrita Paragua

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El indiano Zacarías» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 40).

Angustiado precedente

Desde entonces a Zacarías lo llamaron el niño hampón.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El indiano Zacarías» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 38).

Difícil trance

, una niña durmiente que no respiraba,

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 20).

El nacimiento de la niña Eduvigis

El cura de la aldea era verriondo y siempre gastaba sotana negra.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 16).

Una naturaleza inédita

Nadie, ni vivo ni muerto, sólo yo, vislumbra cómo el cielo pega un vuelco.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 164).

Un nuevo adiós

El esqueleto Federico, por el que nadie apuesta un duro, camina por las solitarias callejas de las fábricas.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 163).

Mala sangre de la muerte

El agonizante no puede dar crédito a su suerte

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 160).

Cruzando a la otra dimensión

Dejemos en paz a la muerte

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 159).