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RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR, una cita de cada página, en ABIERTO

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Ha fallecido José Saramago

Sábado, 19 de junio de 2010 Sin comentarios

La imagen más habitual de José Saramago

Ahora, muy de mañana, acabo de enterarme de que ayer se murió el escritor portugués José Saramago. La última vez que lo vi, el hombre, en silla de ruedas, paseaba en los mismos huesos. Quedarse en los huesos, repentinamente, suele ser preludio de muerte. Se murió José Saramago, a los 87 años, provecta edad cuando se trata de un hombre; las mujeres, como es natural, duran más. Le concedieron el premio Nobel de Literatura a José Saramago. A mí me gustaba oírlo, con aquel empaque tan sereno, tan escéptico, tan de vuelta de casi todo. Y me gustaba verlo, por la concordancia de su rostro con las palabras que pronunciaba, un rostro tranquilo, de cansado escepticismo, tan de vuelta de la banalidad del mundo. También tuvo una mujer joven, otro obsequio del destino a su vejez. Su novela El evangelio según Jesucristo la leí hace once años. En la primera página blanca, tengo anotadas, a lápiz, las siguientes palabras: “Sabrosos detalles. Plasticidad. Imágenes. Un libro hermoso, de sensibilidad y fantasía. Pocas veces decae”. Se murió José Saramago. De muerto, en el ataúd, tiene las gafas puestas. Dicen que lo van a quemar. Y que dividirán sus cenizas en dos partes. Una, para aventarla en su pueblo; la otra, para que termine fundiéndose en el bravo y solitario mar de Lanzarote. Emotividad, de última hora, en un hombre bueno. Hay un ateo más en el cielo. Como diría Valle-Inclán, ironeia.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Sobre la narrativa actual

Domingo, 25 de octubre de 2009 4 comentarios

Literatura¿Que opine sobre la narrativa actual? La respuesta es sencillísima. La narrativa actual es una mierda. La asepsia es el garabato dominante. Nada de infecciones. Todo edulcorado. Ninguna palabra por encima de otra. Todos los narradores iguales, como estúpidos calcos. Algunos de ellos con la potra de contar con una descaradísima operación de mercadotecnia. Todos dominados por el gran jefe, el gran matador, la gran criba, el gran manipulador cultural: las empresas editoriales, valga la redundancia.

Las empresas editoriales actuales tienen como consigna, para la narrativa, la desaparición del registro literario. Saben que la literatura se sustenta en un lenguaje connotado, que desprecian, por lo malsano de su presumible rentabilidad económica. Como creen que el lenguaje connotado va en contra de sus intereses, se lo han cargado. Lástima de los ilusos que tengan la esperanza de que cualquier empresa editorial saque hoy día, como novedad, a un Quevedo, a un Valle-Inclán, a un Juan Rulfo, a un Cela en sus primeros decenios. ¿Tan gruesa es la venda de estos ilusos que no les permite distinguir que la narrativa novedosa que ofrecen las empresas editoriales, desde hace unos cuarenta años, se inserta dentro del registro informativo de la lengua (el de los periódicos, el de los libros de texto), no dentro del registro literario? Las empresas editoriales actuales creen de antemano que los lectores, los compradores de sus productos, son gilipollas. Creen de antemano que los lectores actuales no pueden comprender, valorar y sensibilizarse con una novedad narrativa cercana a la altura de un Quevedo, de un Valle-Inclán, de un Juan Rulfo, de un Cela antes de caer en la chochez. Para eso ya están los libros de bolsillo de esos mismos escritores, ¿no? Pues a tomar por culo la evolución literaria de un país. Por lo menos en España, llevamos ya entre cuarenta o cincuenta años sin evolución literaria. Las empresas editoriales, con sus tabúes —posiblemente espejo de la mayoría de los tabúes de la sociedad a la que se dirigen—, tienen la culpa. Ninguna palabra por encima de otra en los narradores actuales. Todo en un registro informativo que no se despeina. Así que parece mentira que los narradores actuales conozcan empíricamente el dolor de una patada en la boca o en los huevos, o que sepa que el vecino de al lado ha hecho literalmente picadillo a su bebé, o que quepa la opción de cualquier cosa que necesite de una descripción meticulosa, literaria, que produzca sensualidad, sonrojo, alarma, pánico, asco en el lector. Todo aséptico. Nada connotado. Retraso literario de casi cincuenta años.

Pero toda opresión termina por encontrar su salida, como el agua. Cayó el nazismo. Cayó el comunismo. Y en términos literarios, la principal herramienta que sacará de la pobreza literaria a cualquier país se llama Internet, una herramienta que ha llegado, vaya casualidad, con el siglo XXI, una herramienta que utilizarán, exclusivamente, los principales talentos literarios de cualquier país, unas personas absolutamente liberadas de las empresas editoriales, siempre dictadoras de parámetros, porque ellos mismos serán persona y empresa, letras digitalizadas rabiosamente individuales, unos escritores con la constante de expandir a los cuatro vientos, a los miles de plumíferos, el valor de la individualidad literaria, el mensaje de que cada barco aguante su vela. Como ocurre en cada siglo, los narradores que perdurarán se cuantificarán como con cuentagotas. Pero saldrán, que es lo importante. Saldrán.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

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CARTA A LOS JÓVENES ESCRITORES

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