Tabernas

Caricatura de una borracha
En la explanada había cinco o seis tabernas de mala muerte, ahumadas y grasientas. Se vendía horchata de pícaro y caña sin rebajar. Exteriormente tenían un aire miserable y desgarrado; pero dentro me encontraba bien. Me gustaba, sobre todo, un bergantín minúsculo que colgaba del techo rojizo de una taberna, pintado de blanco y negro, al cual no le faltaba nada. La persona más importante de aquel barrio era la Rosa, una mujer alta, cuadrada, pálida como una muerta, que bebía la caña como si fuese agua. La Rosa ratoneaba por el muelle, fumaba medio caliqueño detrás de los bocoyes y se entretenía con los embarcados. La Rosa llevaba unas medias con rayas rojas; sabía tres o cuatro canciones de su época, pero no podía cantar porque siempre tenía la boca seca. A la Rosa no la había visto nunca nadie borracha, y el notario de Palamós, que llevaba una capa llena de desgarrones, decía que el hígado de aquella mujer debía de ser soluble en alcohol.

Fragmento perteneciente al diario de Josep Pla, El cuaderno gris (pág. 71).

Escritos míos donde aparece Josep Pla:
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Dietario en Red 2007-2008: (iBookstore, Amazon, Tagus, Kobo, Nook)
Artículos fronterizos: (iBookstore, Amazon, Tagus, Kobo, Nook)
En la tumba de Josep Pla: (iBookstore, Tagus, Google Play)
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Palamós

Escribo, consulto en el ordenador con el pescuezo torcido. Es incomodísimo. Resulta que tras unos parpadeos de mal agüero en el brillo de la pantalla, llegaron unas manchas rojizas por la parte inferior derecha, unas manchas como si anunciaran sangre, unas cosas que han desembocado en el oscurecimiento total de la pantalla. A mi flamante portátil se le ha quedado la pantalla de color negro, como cuando está apagado, ajeno al mundo.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.