Tiempo y arte

Aquí les muestro un objeto que va más allá de lo religioso. Tiene que ver con el paso del tiempo y el arte. Literalmente, está al alcance de la mano. Yo siempre lo toco al verlo, como si le estuviera dando unas palmaditas a un amigo. Es una pila de agua bendita. Se ubica en la catedral gótica que está a unos cien metros del Ayuntamiento de Barcelona, a un par de pasos del lado derecho de la entrada. Su valor es, a mi entender, incalculable. Y se encuentra sin custodia. Humildemente, como si ignorara quién es, cumple con la labor normal, cotidiana, de todas las pilas. Y se trata de una pila visigoda del siglo V. Si tienen oportunidad, les invito a pasarle la mano por toda su planicie erosionada. Notarán lo mismo que yo: que les devuelve la caricia la Alta Edad Media. Su planicie es tan suave que más que mármol parece alabastro.

Y ahora les dejo la cruz latina, ardiendo, de Notre Dame de París. Por favor, hagan el contraste entre el objeto que acabo de mostrarles arriba y todo lo que había, en llamas, anteayer, en la catedral parisina.

Contestar a un artículo periodístico

Pío Baroja, posando como si escribiera

Pío Baroja

-Contestar a un artículo o a un libro que ataca o defiende una teoría, diciéndole al autor que es jorobado o que su mujer le engaña, me parece muy aldeano, muy tonto (…)
-Pero usted quiere ver la literatura como si no tuviera actualidad, como si ya hubiera pasado en la historia o no hubiera en ella pasiones.
-Yo creo que es lo más cómodo, lo mejor y lo más verdadero.
-Pues de ahí nace mucha de la antipatía que tienen contra usted. Es usted un traidor al gremio.
-¿Usted lo cree así?
-Claro que así lo creo.
-Puede que sí. ¡Qué le vamos a hacer! Yo no he tenido una postura pensada ante el público, porque creo que no valía la pena. Hace poco algún simpatizante me ha mandado dos o tres números de la Gaceta Literaria, de Giménez Caballero, y en uno de ellos hay una nota de un profesor belga, Lucien Paul-Thomas, que escribió algo sobre mí, y al final de la nota dice: «Parece ser que Baroja, tanto en Bélgica como en Holanda, dejó atrás una impresión hermética, banal». ¿Y para qué iba a dejar otra impresión? No era cosa de andar con una chaqueta roja, con melenas o con una cacatúa en el hombro.
-Usted exagera, pero algo hay que dar al público.
-Yo creo que si el público no da nada, hay que contestar haciendo lo mismo.
-Así le tendrán antipatía.
-Es igual. Esto no influye en la vida. Yo me creo hombre, no digo que de mérito, pero sí de cierto carácter y de tesón. Decidirse, como me decidí yo, a ser sólo novelista, sin empleo ni medios de fortuna, si se considera desde cierto punto de vista tiene su mérito. Yo estaba convencido de que no encontraría apoyo en ninguna parte y de que no ganaría apenas para vivir. Fuera de esto, lo único que me hubiera gustado hubiera sido hacer un trabajo científico; pero esto era más difícil aún. Por otros caminos no encontré nada.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Bagatelas de otoño (pág. 18).

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En París

París en los años 20

A mí, al principio, venían a visitarme algunas personas en París, en la Ciudad Universitaria. El visitante, al verme en un cuarto pequeño y pobre, debía de sentir una impresión de desdén.
-Esto no es nada -pensaba seguramente-. Si este señor tuviera unas grandes barbas y el pelo largo y vistiera muy bien o muy mal, o hablara el francés como un parisiense, o no supiera una palabra de francés, estaría en su sitio. Pero un hombre así, viejo, con un traje raído, una boina y un pañuelo al cuello, que habla un francés pobre y sin carácter, no vale la pena de tomar en serio. No es asunto para ocuparse de él y hacer un artículo.
(…)
Me preguntó varias cosas, a las cuales yo contesté, y luego me dijo:
-Oiga usted. ¿Cómo explica usted que, siendo un hombre atento, corriente, se tenga de usted la idea de que es usted un tipo brutal y de mal genio?
-Pues no sé a punto fijo. Me figuro que es una consecuencia de incompatibilidad en conceptos e inclinaciones. Mucha gente piensa, o por lo menos siente, que el que no tiene sus hábitos y sus entusiasmos es un enemigo. A mí me parece lógica la intransigencia tratándose de ideas esenciales.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Bagatelas de otoño (pág. 16).

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Muerte, protesta, Vida, amor, erotismo, París

LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES: DESCOLOCADAS, DESNORTADAS
Lo más nombrado:

Año 2001. Ataque en Nueva York y Washington: Reacción incompleta.
Año 2004. Ataque en Madrid: Reacción incompleta.
Año 2005. Ataque en Londres: Reacción incompleta.
Año 2015. Ataque en París (enero, noviembre): Reacción incompleta.

¿HASTA CUÁNDO?

Carteles en la Plaza de la República, París (Foto de El Español)