Un arañazo

—Menudo arañazo tienes en la cara. Ten, desinféctatelo.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 98).

El muerto

—¿Quién se ha muerto? —preguntó con una pintoresca sensación de olla vacía.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 97).

Un acceso de pánico

Pánico

Su respiración despedía vaharadas de pánico. Se fijó en la puerta del recibidor.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 78).

Magdalena, desnuda

Como no midió bien sus fuerzas, las sábanas y las mantas se escaparon, disparadas, hacia un lugar indeterminado.

—¡Ts!, quiero verte desnuda.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 77).

Dedos

—Gracias, mi cielo… Oye, ¿dónde tienes los dedos de esta mano?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 76).

La playa

Una ola rompiendo en la playa

—El agua de mi cerebro la escucho siempre.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 75).

Más pelo

La muchacha lo cubrió, le secó el pelo con ágiles y rápidas sacudidas. No dejó ni un minúsculo rincón de su piel sin sus manos desbordadas por los pliegues de la toalla.

—¿Serás? —preguntó Magdalena a medias.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 74).

Con una coleta

Una coleta

Se recogió el pelo en una coleta. Se arremangó y dijo:
—Fuera pijama. Del todo. En pelotica.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 73).

Miedos

Pensó en su torpeza. Pensó que sobraba. Pensó en la chica maravillosa. Pensó que todo lo hacía mal. Pensó en los miedos del futuro.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 47).

Escarcha

Junto a la paulatina recuperación de su conciencia, notó cómo se acrecentaba el grosor de la escarcha que se le había adherido en la piel.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 46).