Con el morrazo

Se marcha del infierno caminando como un orangután
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 22).


Se marcha del infierno caminando como un orangután
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 22).

—¡Eh, colega, ábrete ya! —dice al hermano de Angelines.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 21).

—No tienes nada. Ven, vivo ahí delante. Voy a curarte.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 137).

Rebasa al nota un par de metros, echa el freno de mano, deja el coche en marcha, empuña una navaja de la guantera, deja su portezuela abierta de par en par y se dirige hacia el nota abriendo la navaja.
—¿Tú acabas de pedirme un cigarro?
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 124).

Toda la colegada se queda de piedra. Todos nos vamos muy rápido a la puta calle. Y en la puta calle, los seguratas y unos mamarrachos nos vacilan.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 123).

Pensó que el dedo de Colón la señalaba.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 101).

—¡Un poco de respeto a tu hermana! ¿Oyes? ¡Que hago la calle por ti, para que vayas a la escuela!
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 100).

Abatido, fijó su visión en unas cuantas baldosas.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 97).

Cae la torre. Estoy muy excitado. Parezco un personaje de Tarantino.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 44).

Se ríen una y otra vez. Si saliera por patas me pillarían a los cinco pasos. Tengo la sensación de que todo me importa una mierda:
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 43).

El inevitable encontronazo queda algo más equilibrado. Cuatro tiparracos contra el Manu y el Juanra y dos tiparracas contra nosotras cuatro. No hace falta que mi gente se movilice.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 163).

Si no llega a ser por la mancha de esta noche pasada, nuestra estancia en Ibiza habría sido paradisíaca. Nunka hay nada que vaya como la seda.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 160).

Al instante descubro que uno de los empujones del Manu estrella contra la pared al guiri. Inmediatamente aquel rincón se llena de guiris, tíos y tías, pegándole patadas y puñetazos al Manu. Toda la panda se mete para
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 159).

A continuación se escucharon unos guantazos, y el sonido de unos cuerpos que se estrellaban contra las paredes. Todos los que estábamos en mi habitación nos hallábamos inmovilizados, en silencio.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 83).

Estoy en la bibli de la fácul y le pregunto a una chavala, tope repelente, con el pelo enredado y granos hasta el kulo, que si le queda para mucho en el ordenador.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 78).

Todo el día de domingo durmiendo. Qué bien se duerme cuando una se ha pateado la noche de fiestorra satisfactoria. Sólo hubo una pega. Menudas castañas repartieron ayer en la plaza Barceló. Muy cerca de mí. Fue breve pero akojonante.
(…)
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 56).
¡La hostia! Se conoce que al periodista Arcadi Espada le dieron un buen hostión en la cabeza, concretamente en la nuca. Hoy he leído el suceso en un artículo de La Vanguardia.
Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006
Después de tan largo paréntesis, no puedo dejar de echar la vista atrás, al insólito acontecimiento del pasado miércoles, día 26. El asunto se relaciona con una jaula de gorgonas: la clase de 3º C.
El rugido de la rapiña, durante los cinco primeros minutos, era el habitual. Ladeé la vista y descubrí a un profesor de guardia que introducía en el aula a cuatro o cinco alumnos rezagados adrede. Rutina.
—No os agrupéis en la puerta —le dije al amasijo demorado, hispano.
Un par de segundos después hube de levantarme a la carrera. Tuve que interponerme entre el profesor de guardia y uno de los alumnos. Se habían enganchado.
Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006
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