La pornografía, según Karl Kraus

Karl Kraus (Jicin, Bohemia, 1874 – Viena, 1936)
Una cita

La pornografía es tan necesaria para la humanidad como un trozo de pan. No imagina uno la cantidad de gente, incluso de clase alta, que no es capaz de masturbarse sin un texto delante ni cuántos, a pesar de disponer de un texto, precisan, además, de una ilustración. Por eso mismo, perseguir a los editores de pornografía es tan estúpido como perseguir a las alcahuetas. Igual que en el caso de estas, resulta reprobable que los editores se dispongan a delatar a los autores que se entregan por dinero. Por otra parte, invocar el arte y la ciencia es tan ridículo como si una alcahueta alegara que actúa por una cuestión de estética o de política social.

El prestigioso escritor Karl Kraus

El prestigioso escritor Karl Kraus

Ilustración de una escena pornográfica.

 Y ahora, mi novela
erótico-pornográfica-metaliteraria-intelectual-inclasificable
CALIENTE
(con su lectura, se recomiendan baños fríos,
incluso ahora que ha terminado la canícula veraniega)
Y según El Cultural: ¡Uf!

Continúa la aberración

Las intenciones de los ojos

La imagen se concentraba en un primer plano. Casi violando el encuadre, la prostituta, con una mirada obscena, clavó sus ojos en los labios de la hija.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 59).

Sexo retorcido

Postración

El gabán del calefactor acariciaba, con sus paños calientes, la piel expuesta.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 58).

Delitos sexuales

Así podría empezar un delito sexual

—Margaret, separa las piernas y acaríciate con la otra mano.

Todos sabían qué debían hacer.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 57).

Cuestiones lingüísticas

Lenguaje humano

El yanqui articulaba la erre como si tuviese la boca llena de potingues.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 56).