El indiano Zacarías, en iBookstore

EL INDIANO ZACARÍAS, cuento perteneciente a Relatos del fuego sanguinario y un candor, disponible en iBookstore.

Ebook El indiano Zacarías, de Antonio Gálvez AlcaideEL INDIANO ZACARÍAS es una historia de bandoleros y de amor. En EL INDIANO ZACARÍAS se desarrolla la última correría del Zacarías, un bandolero hispanoamericano de origen español, una última correría subestimada al amor y a la perdición. EL INDIANO ZACARÍAS es un cuento que pertenece al libro RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR.

EL INDIANO ZACARÍAS
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Una paloma verde

Una paloma verde

—¿Eres la paloma verde?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 122).

Jesús de Nazaret, muerto

Jesucristo, muerto

—Totalmente real —continuó Salvador—. Fue la mortaja de Jesús de Nazaret. Y en ella no sólo se aprecia ese rostro que veis, sino toda la silueta de su cuerpo, grabada a fuego.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 120).

El descubrimiento de un muerto

Se incomodó como si le hubieran propinado un pellizquito y exclamó:

—¡La cara de un muerto!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 119).

Nueva sonrisa

Cariño

A Salvador le brotó, por segunda vez a lo largo del día, una sonrisa ancha, sin ataduras.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 106).

La lluvia de Barcelona

—¿Y quién eres tú para que la lluvia te haga caso? —preguntó Magdalena con un inconfundible tono de incredulidad, matizado por un hilo de incipiente divertimento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 105).

Como ositos de peluche

Ositos de peluche

Las risas y los juegos giraron por toda la vivienda como ositos de peluche ensalzados, apretados.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 104).

Un bendito

Pensó que a un bendito se le debía todo el respeto posible, que no se le podía gritar ni de lejos ni de cerca, ni desde la distancia del váter.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 103).

Aquel rostro barbado

rostro_jesusAscendió la mirada de Magdalena y descubrió, en el techo, el mismo rostro barbado, de exactas proporciones.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 100).

En el mar

—Y ya ves cómo ha terminado. ¿Se sabe si lo han matado? ¿O si él mismo se tiró al mar, completamente cansado de vivir? ¿O si fue un accidente?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 99).

Como una sombra

Lluvia en la ciudad

Era una sombra andante. Con su manto en bandolera, parecía de otro tiempo. La gravedad de su porte infundía respeto.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 60).

Las Golondrinas de Barcelona

—¡Eh, Golondrinas! —dijo mirándolas de tú a tú—, la poca luz que os llega, se os cae como de limosna, igual que a mí.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 59).

En el puerto de Barcelona

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Subió los peldaños del espacio circular dedicado al descubrimiento de las Américas y a su almirante, Cristóbal Colón. Bordeó e ignoró todos los relieves de bronce que recuerdan distintas escenas de aquella incipiente época colonizadora, en las postrimerías del siglo XV.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 58).

Bajo la lluvia en la Rambla

Lluvia en Barcelona

Salió a la calle tal como estaba. Únicamente cogió las llaves. Se avecinaban las diez de la noche. Avanzaba por Escudellers, camino de la Rambla, disfrutando de cada paso, aspirando ruidosamente el olor del suelo empapado, como si las emanaciones que propiciaba la lluvia lo colmaran de más vida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 57).

La magia de la lluvia

La noche que luego le regaló el caprichoso juego de la lluvia deseada.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 56).

Un hecho inexplicable

Llagas en los labios

Se abrazaron dos personas saqueadas, desdichadas, pero sabedoras de la progresiva iluminación que experimentaban sus pensamientos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 53).

Una tristeza portentosa

Tan sólo derramó una lágrima, muy redonda, muy llena y biliosa.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 32).

Levitación, portentos

Antes de preguntarse por los motivos de aquel helado vértigo, a Salvador se le evaporó la mente. Vio que se empequeñecía su calle, que durante su ascenso irrefrenable se hacían diminutas las viejas azoteas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 31).

Sábana Santa de Turín

Allí, junto al sillón, apareció un rostro con los ojos cerrados, una faz de tamaño natural, una tez barbada, rigurosamente exacta a la que todavía hoy se conserva en la llamada Sábana Santa de Turín.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 21).

Lo que ocurrió después

Siempre baja y descansa entre las flores mojadas, las mismas flores que nunca renuncian a llorar su rocío.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Anhelos y luces» , del libro Cuentos agrios (pág. 43).