La muerte

Después le dio la espalda a los acontecimientos, escuchó la estrepitosa sirena de la ambulancia que se perdía, y pensó que la muerte, aquella tarde, le seguía los pasos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 90).

En la Rambla de Barcelona

Rambla de Barcelona

Se volvieron. Comenzaron a alejarse. Poco a poco se confundieron entre la gente que deambulaba Rambla arriba.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 89).

Su esposa

Un espectro

Al otro lado de la Rambla, justo enfrente, a unos quince metros, descubrió a su esposa fallecida, muy cerca del bordillo donde encontró la muerte.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 88).

Un putero

Puteros

—¡Se terminaron, putero!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 86).

Su adorada Magdalena

Cuando empezaba a admitir la posibilidad de que su adorada Magdalena podía estar muerta, sonó una sola vez el timbre rompiéndole, de cuajo, el inicio de un nuevo tormento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 79).

Antiguo Testamento

Buena parte de su discurso sobre Salomón está documentado en el Antiguo Testamento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 66).

En el puerto de Barcelona

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Subió los peldaños del espacio circular dedicado al descubrimiento de las Américas y a su almirante, Cristóbal Colón. Bordeó e ignoró todos los relieves de bronce que recuerdan distintas escenas de aquella incipiente época colonizadora, en las postrimerías del siglo XV.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 58).

Bajo la lluvia en la Rambla

Lluvia en Barcelona

Salió a la calle tal como estaba. Únicamente cogió las llaves. Se avecinaban las diez de la noche. Avanzaba por Escudellers, camino de la Rambla, disfrutando de cada paso, aspirando ruidosamente el olor del suelo empapado, como si las emanaciones que propiciaba la lluvia lo colmaran de más vida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 57).

Una tristeza portentosa

Tan sólo derramó una lágrima, muy redonda, muy llena y biliosa.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 32).

Levitación, portentos

Antes de preguntarse por los motivos de aquel helado vértigo, a Salvador se le evaporó la mente. Vio que se empequeñecía su calle, que durante su ascenso irrefrenable se hacían diminutas las viejas azoteas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 31).

Espaguetis

Como pasó el día tumbado en la cama, aislado de los estragos del mundo, los espaguetis que se llevaba a la boca, ya entrada la noche, representaban su desayuno, su comida y su cena, como en múltiples ocasiones.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 30).

El pronto invierno

Pronto se echaría encima el invierno, con sus largas noches heladas de confusión y escarcha

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 19).

Los reyes de España

El teatro del Liceo, en Barcelona

Los Reyes de España salieron por las portezuelas de un largo coche. Saludaron y posaron durante un tiempo que a Salvador le pareció del color de las lámparas encendidas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 17).

Pasaje del Reloj

Pasaje del Reloj, frente al número 57 de la calle Escudellers, la vivienda de Salvador, el protagonista de la novela El solitario

Otra bifurcación notoria, aunque olvidada y silenciada desde 1864, es el Pasaje del Reloj.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 16).

¿Legítima defensa?

Pira humana

Pensó que el dedo de Colón la señalaba.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 101).