El cerebro

Desde hacía seis meses, aquel hombre escuchaba un incansable trajín de aguas en su cerebro.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 13).

Desprecios y recuerdos

La vida de Salvador almacenaba muchos desprecios, muchos rostros ácidos. La cara rota de la única mujer con la que estuvo casado se le aparecía la mayoría de las noches de invierno. En cuanto se acostaba, apagaba la luz y cerraba los ojos, solía florecer en sus párpados la cara desparramada de su esposa, aquella tez amoratada sobre un bordillo, toda la cabellera rubia jaspeada de sangre rojísima, sin vida. Entonces encendía la luz, contenía la respiración y entrecortadamente exclamaba: «Otra noche más». Pasadas varias horas, se dormía bajo las resonancias indelebles del bordillo, de la calamitosa furgoneta que se desvió un segundo, de la murmuradora maraña de la Rambla.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 12).

Viejos recuerdos

Los pocos que quedaban por la calle, a primera hora de la madrugada, evitaban la contemplación del hombre.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 16).

Palabras de amor, miedos

El hombre semejaba humo, una llama recién apagada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 15).

Entre luces y sombras

Allí se hizo la soledad.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.

Sola

Toda la casa se apretaba en el llanto,

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 102).

La primera nostalgia

—Niño hombrón, ¿en qué piensa?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Primerizo en brasas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 76).

Aquellos ecos

Todavía hoy parece que se escucha el eco

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 65).

El tiempo, el tiempo

La abuela Belisa vive mucho

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 64).

Pronto amanecerá

incluso orita cuidadosa de magullarme

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En un rincón oscuro» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 51).

Y llegó

que obre Dios de una vez por todas

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En un rincón oscuro» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 50).

Viéndosela venir

Cualquiera lo diría, siempre encuerada en mi casa

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En un rincón oscuro» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 49).

La historia de unos dedos

Maldita sea la hora aquella en que aterricé por estas putas tierras

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En un rincón oscuro» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 48).

Mal por dentro y por fuera

Muy prontito mi corazón se debe de partir

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En un rincón oscuro» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 47).

El pasado

Parece que la esté viendo allá encimita de la loma

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En un rincón oscuro» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 46).

Esperando el amanecer

Acá me muero con mis pensamientos, y con este frío de los hielos del carajo.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En un rincón oscuro» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 45).

Primerísimos recuerdos

La joven madre del agonizante, con sus veinte años, viste de luto.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 113).

El abrigo de los cipreses

Cipreses en un cementerio

Otra vez digo que los olores traen recuerdos.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 61).

La furia de una tormenta

Tormenta

Todo el pueblo estaba impregnado de la fragancia de muchos cipreses.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 60).

Niñez en La Victoria, Córdoba

Cipreses

Los olores traen recuerdos.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 59).