Nochevieja

El viejo profesor, el último día del año, se levanta a las cinco y media de la madrugada. Tiene ganas de escribir. No escribe desde el 23 de diciembre, el día del cólico hepático. Y no es porque no le hayan apretado las ganas, sino porque no ha contado con el tiempo suficiente para hacerlo: sus dos novias, que lo llevan de cabeza, de un lado para otro, como un zarandillo, siempre  con la caricia pronta y los besos desbordados. Todo un placer que desgasta la suela de sus zapatos desde hace ya más de tres semanas, un placer dentado que empieza a inflar su vacío globo de los remordimientos. Y hoy es Nochevieja.

Fragmento perteneciente a las memorias noveladas de la serie El viejo profesor

La voz de Dios

Recuerda que eres de polvo y que por ello te escuecen los ojos y las manos heridas

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 33).

Pensamientos y sensaciones

La novia, debajo de una sábana blanca, parecía un objeto más del mobiliario de la habitación.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 14).

Gravísima equivocación

Dio un respingo, y también un codazo que se quebró en las costillas de la almohada. Pensó que la almohada se burló de su falta de puntería, y en el momento de abandonar la cama, totalmente enloquecido, le cruzó la cara a la novia silenciosa.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 11).

Morir de pena

Llegaron a tener el cerebro tan caliente que incluso sin el corazón en su pecho, consiguieron recordar la sonrisa de un ataúd de cristal.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.