Fotografía sin desperdicio

Fotografía sin desperdicio, efectivamente. Fue tomada a finales de noviembre de 2016. Su meticulosa descripción pertenece a mi libro, todavía inédito, titulado MI ÚLTIMO CUADERNO GRIS.

Las cuentas que tenemos que ajustar,
no las vamos a ajustar en este mundo,
las vamos a ajustar en el otro.
En este mundo,
la madre murió enjambrada de pecado,
y yo no reclamo nada de la madre muerta.
Epitafio a la madre:
La envenenaron. Se dejó envenenar. Solo deja veneno.
Qué lástima de madre.
Existe prueba material de su arrepentimiento.
Queda liberada de los
HIJOS DE SATANÁS
que la manipularon
“.

Hay una persona, todavía en esta vida, que ya se ha quedado sin nadie en quien descargar su sadismo, su dominio, su egoísmo, su manipulación, su maldad; con una hija que ha heredado su rastrero veneno. Esta persona tiene un perrito faldero de la misma sangre, perfectamente demostrado, por escrito, desde abril de 2002. Por otro lado, numerosas son las ramas familiares, y ninguno ha tenido la decencia de avisar de la agonía y muerte de la propia madre, de atender su petición de ver a un hijo queridísimo. Finalmente, ninguno ha tenido la decencia de llamar para que ese hijo pueda ver, aunque fuese unos minutos, el cadáver de la propia madre, de cuyo entierro se enteró dos semanas después de producirse. Todos son cómplices de maldad. Ninguno tiene excusa. Todos arrastran su moral de serpiente. Todos tienen una determinada influencia demoníaca, incluso con regocijo. Todos ellos son acólitos del diablo. Desde aquí, el mayor y el más absoluto desprecio.

Junto a un hombre con el alma podrida: ¡¡¡VADE RETRO SATANÁS!!!

Era verdad

Estoy convencida de que él, halagüeño y sádico, masoquista y dulce, es un vampiro que desea beberse mi gélida sangre.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 61).

Como en un juego perverso

Lóbulo de una oreja

Ahora todo el salón es de color negro, él es de color negro y las seis amenazas son de color negro.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 60).