El Pasaje del Reloj

El Pasaje del Reloj. Desde Escudellers se ve como una calle siniestra, sin salida, estrecha, oscura, desmadejada, triste, paralizada.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 45).

Como piedras en la cara

Se le quedó la mente en blanco tras la primera decena de puños como piedras.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 44).

Larga enfermedad

—Mírame los labios —dijo Magdalena—, los tengo cocidos, llagados.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 43).

Atenta entrevista, triste

—¿Y por qué tienes ganas de llorar? ¿Qué te pasó?
—Todo está muy triste y muy feo. ¿Tú no te das cuenta de eso?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 42).

Tenerife

A esas horas de la noche era imposible que aquella muchachita isleña, de Tenerife, pudiera reparar en que la mirada de aquel hombre desgreñado le inyectaba el sereno amanecer de su pueblo azul.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 41).

Agua en el cerebro

—Estoy bien. Me ves así porque tengo agua en el cerebro. No mucha.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 40).

Y más flechazos

La chica maravillosa se percató de Salvador, de su mirada limpia, de sus barbas cortadas a bocados, de su melena zarrapastrosa; de su mirada otra vez, de su mirada, de su mirada otra vez, de su mirada transparente, pura y dolida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 39).

Flechazo

Salvador sintió que el templado aliento de una boca de mujer le derretía la helada circulación de su sangre pisoteada.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 38).

Mujeres

—Tu padre no quiere a la niña que te has agenciado. Tuvo novio. Se lo dijo a tu madre el otro día pegando un montón de voces.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 37).

Ambiente del bar California

A Pepe se le veía animado. Se le agarraba esa ilusión misteriosa, impetuosa y positiva que suelen tener las parejas de novios durante las primeras citas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 36).

El bar California, los camareros

Un cuadro de Francisco Ribera

Los camareros del California todavía viven, arrugados como una pasa, nonagenarios.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 35).

De bares, y con pijama

Pelos de loco

Dejó la manta en su cama. Entró al baño. Se vistió sin ni siquiera desprenderse del pijama

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 34).