Doce campanadas de cálido carmesí, en iBookstore

DOCE CAMPANADAS DE CÁLIDO CARMESÍ, relato perteneciente a Cuentos agrios, disponible en iBookstore.

Ebook Doce campanadas de cálido carmesí, de Antonio Gálvez AlcaideDOCE CAMPANADAS DE CÁLIDO CARMESÍ es la historia de una tensión, desde la primera línea hasta la última. No existe un momento para el respiro. Desde el primer instante, la sensación de una gran amenaza es la tónica dominante entre un chico y una chica que acaban de conocerse durante la noche y que se encierran en la casa de él para vivir un amor pasional. No tienen escapatoria. La gran amenaza se concreta, de forma vertiginosa, sin que se sepa claramente quién es el verdugo y quién la víctima. DOCE CAMPANADAS DE CÁLIDO CARMESÍ es un cuento que pertenece al libro de relatos titulado CUENTOS AGRIOS.

DOCE CAMPANADAS DE CÁLIDO CARMESÍ
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Suenan doce campanadas

Recreación de una vampira

Él se sienta sobre mis piernas, pero gran parte de su cuerpo descansa en sus rodillas, que se clavan en los cojines. Él me deja las manos libres y con las suyas expande hacia atrás mi cabello.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 62).

Era verdad

Estoy convencida de que él, halagüeño y sádico, masoquista y dulce, es un vampiro que desea beberse mi gélida sangre.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 61).

Como en un juego perverso

Lóbulo de una oreja

Ahora todo el salón es de color negro, él es de color negro y las seis amenazas son de color negro.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 60).

Tema del vampiro

Yo intento patalear, golpear, escurrirme de aquella masa apisonadora. Y no me canso de repetirle, histérica, que me quiero marchar.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 59).

Sobre el sofá

Y él me dice, sonriendo como sólo los ángeles saben sonreír, con una voz afable y sosegada, que es que no es de este mundo.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 58).