Flechazo

Salvador sintió que el templado aliento de una boca de mujer le derretía la helada circulación de su sangre pisoteada.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 38).

Cierta inquietud, con viento

Un cielo violeta, bajo una amanecida de domingo, la del 18 de diciembre.  Recién abofeteado por la fuerza del viento, el viejo profesor abre la puerta de su casa. Piensa que parece un zarandillo.

Fragmento perteneciente a las memorias noveladas de la serie El viejo profesor

De fiesta y con suerte

El viejo profesor, tras cinco días completos y consecutivos de fiesta, llega a la conclusión de que está algo confuso. Es un domingo de madrugada cuando entra en su casa del extrarradio de Barcelona. Le parece mentira encontrarse ya a día 11 de diciembre de 2011. Los días vuelan mucho más veloces que antes. Enciende una estufa eléctrica, su estufa de toda la vida. Se sienta en su sofá, su sofá de toda la vida.

Fragmento perteneciente a las memorias noveladas de la serie El viejo profesor

Hasta el final

Cosas del amor

—Que si me quieres.
—¡Que sí!

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 127).

Sin frenos

La estaba desnudando como antes nadie había hecho.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 126).

En un permiso

Antigua etapa de la mili

Diecinueve años de edad se apilaban en las manos del buscador de joyas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 125).

Como en un juego perverso

Lóbulo de una oreja

Ahora todo el salón es de color negro, él es de color negro y las seis amenazas son de color negro.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 60).

Tema del vampiro

Yo intento patalear, golpear, escurrirme de aquella masa apisonadora. Y no me canso de repetirle, histérica, que me quiero marchar.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 59).

Sobre el sofá

Y él me dice, sonriendo como sólo los ángeles saben sonreír, con una voz afable y sosegada, que es que no es de este mundo.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 58).

Contra la pared

Este cuento obtuvo el premio Sant Jordi de Narrativa en 1989, otorgado por el Ayuntamiento de Cornellá de Llobregat, Barcelona.

El aliento de mi compañero huele a whisky barato. Mis labios aprisionan pequeñas porciones de la tensa piel de su cuello.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 57).

Pasiones amorosas

El error del indiano Zacarías fue haber llegado, con su peonada, a la mismita raya que separa Venezuela de Colombia.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El indiano Zacarías» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 35).

Una extravagancia iracunda

Los relámpagos del aire, por un instante, conceden la claridad del día a todo lo que se ciñe en el Paseo y alrededores.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 168).

Golpe de desamor

los vecinos asalvajados de la difunta Mercedes

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 124).

Término imprevisto

—Visítame pronto, rey

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 121).

Un mirón

La viciosilla Gemma se regodea ante el espejo como su madre la parió.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 120).

Un encuentro de pago

—Qué, tengo buenas tetas, ¿eh?

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 119).

Una rara intervención

Suspiros

Los hombres del bar hacen ruido, y las orejas de Pepín palpitan a compás.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 86).

Feo carácter

Obreros

Todos dicen que es carne de cañón y poco de fiar.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 82).

Una extraña medicina

Heroína en una cuchara

Este gilipollas, con la mano herida, soba y resoba los pechillos de su compañera.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 81).

El malaespina Antolín

Drogas

Este malaespina se está convirtiendo en un malaespina muy próspero.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 57).

Camino del descanso

Resplandor

Pepín llega a la punta del Paseo, la del muro del cementerio.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 29).