Carámbanos
La noche se endurecía entre los adornos de sus carámbanos. El niño observaba cómo se cuajaban los charcos.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 113).
 
 
 
 


La noche se endurecía entre los adornos de sus carámbanos. El niño observaba cómo se cuajaban los charcos.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 113).
Los antiguos amigos, después de la larga cacería del mochuelo, se olvidaron de lo que dejaban atrás, al borde del cementerio. Los carámbanos del cielo tiraron de ellos hacia lo calentico de sus casas.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 112).
Más que nunca deseaba la soledad de su monte. Los niños se relamían en la picante y gustosa crueldad.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 111).
En Temblor de invierno, ahora en ebook, un cuento casi tan viejo como Eduvigis Lindavista, aparecen recuerdos infantiles personales de clase, con aquel “en silence s’il vous plaît“…
Al niño endeble lo obligaron a caminar hasta las inmediaciones del cementerio.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 110).
El niño Paquito escalaba el monte enarbolando su escopetilla de perdigones.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 109).
Los guantazos llovían por todos los flancos.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 108).
—Tú lo que eres es una mosquita muerta, un miedoso —dijo una voz que se interrumpió en seco.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 107).
—Qué va. Esa no viene hoy. ¿Quieres ver cómo le baila el rabo?
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 106).
—La profesora se tarda.
—Estará cagando.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 105).
—¿Te vienes a darles pedradas a los del barrio de la cuesta?
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 104).
El niño pálido cazaba pajaritos con un atino de pasmo. Primero con tirachinas, y luego con escopeta de aire comprimido, los pillaba incluso al vuelo. Aunque el niño pálido se lo callaba, el niño birria de los huesecillos, el niño poquita cosa, el niño enclenque pensaba que eso ni el Robin Hood de las películas.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 103).
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