Magdalena, desnuda

Como no midió bien sus fuerzas, las sábanas y las mantas se escaparon, disparadas, hacia un lugar indeterminado.

—¡Ts!, quiero verte desnuda.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 77).

Dedos

—Gracias, mi cielo… Oye, ¿dónde tienes los dedos de esta mano?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 76).

La playa

Una ola rompiendo en la playa

—El agua de mi cerebro la escucho siempre.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 75).

Más pelo

La muchacha lo cubrió, le secó el pelo con ágiles y rápidas sacudidas. No dejó ni un minúsculo rincón de su piel sin sus manos desbordadas por los pliegues de la toalla.

—¿Serás? —preguntó Magdalena a medias.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 74).

Con una coleta

Una coleta

Se recogió el pelo en una coleta. Se arremangó y dijo:
—Fuera pijama. Del todo. En pelotica.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 73).

En la bañera

Cuando la muchacha entró y abrió el grifo de la minúscula bañera, ya la estaba esperando Salvador, sin su manta

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 72).

Una sonrisa de mujer

Una sonrisa de mujer

Como si supiera lo que acababa de ocurrir en ese momento, una taimada sonrisa de mujer floreció en el portal número 57 de la calle Escudellers.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 71).

Palabras sinceras

—Pues claro, mi niño, porque me gustas.

Esas palabras sinceras tuvieron la contundencia de una pesada losa.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 70).

Como una sombra

Lluvia en la ciudad

Era una sombra andante. Con su manto en bandolera, parecía de otro tiempo. La gravedad de su porte infundía respeto.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 60).

Las Golondrinas de Barcelona

—¡Eh, Golondrinas! —dijo mirándolas de tú a tú—, la poca luz que os llega, se os cae como de limosna, igual que a mí.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 59).

En el puerto de Barcelona

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Subió los peldaños del espacio circular dedicado al descubrimiento de las Américas y a su almirante, Cristóbal Colón. Bordeó e ignoró todos los relieves de bronce que recuerdan distintas escenas de aquella incipiente época colonizadora, en las postrimerías del siglo XV.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 58).

Bajo la lluvia en la Rambla

Lluvia en Barcelona

Salió a la calle tal como estaba. Únicamente cogió las llaves. Se avecinaban las diez de la noche. Avanzaba por Escudellers, camino de la Rambla, disfrutando de cada paso, aspirando ruidosamente el olor del suelo empapado, como si las emanaciones que propiciaba la lluvia lo colmaran de más vida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 57).

La magia de la lluvia

La noche que luego le regaló el caprichoso juego de la lluvia deseada.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 56).

La fuerza de un abrazo

Un abrazo

Pensó en el momento que la chica maravillosa lo abrazó con fuerza y le besó su repulsiva cara.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 55).

Cuestión de una mejilla y de olfato

La muchacha le dio un beso en su estropajosa mejilla.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 54).

Un hecho inexplicable

Llagas en los labios

Se abrazaron dos personas saqueadas, desdichadas, pero sabedoras de la progresiva iluminación que experimentaban sus pensamientos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 53).