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RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR, una cita de cada página, en ABIERTO

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Palabras irreverentes

Domingo, 1 de noviembre de 2009 Sin comentarios

Códice Beato de Liébana (copia del siglo XIII) A ver quién se ha librado alguna vez del pretendido veneno de las palabras irreverentes. Nadie. Ni Dios desde su sagrada palabra indirecta en el Viejo Testamento, que tantos conocen. Ni Cristo desde su sagrada palabra indirecta en el Nuevo Testamento, que tantos conocen. Ni siquiera los santos, desde sus palabras volanderas, que por volanderas no tantos conocen. De ahí para abajo, la humanidad ha experimentado una especie de competición de irreverencias por ver quién la decía más gorda, sólo por comprobar quién la lanzaba más gorda que los santos, unos entes más cercanos y asequibles que Cristo y Dios. Acabo de indicar que ni siquiera los santos. Y que no tantos conocen las palabras volanderas, descarnadas, esputadas por los santos. Entonces recuerdo los puyazos que se lanzaron mutuamente san Beato de Liébana y san Elipando de Toledo, en el siglo VIII.

Resulta que se discutía sobre teología casi hasta llegar a las manos en el I Concilio de Toledo. Y que se cortaban con la mirada Elipando y Beato, que, indiscutiblemente, llevaban una vida ejemplar, una vida de futura santidad oficial. En unas de esas idas y venidas de carraspeos y de gargajo verde, el monje Beato, sudándosela que Elipando fuese arzobispo de Toledo, le dijo a Elipando que era el mismísimo «cojón del Anticristo». A lo que Elipando replicó con que Beato era un «borracho» y un «farsante». Según la óptica de nuestros días, seguro que ambos santos escupieron su violencia verbal por alguna chorradilla ya superada. Sin conocer la chispa que provocó tal intercambio de lengua ardiente, seguro que tuvo razón san Beato, el monje recoleto al que le sobraban los títulos. Y no sólo por la simpatía a que inclina su vida retirada y austera, sino porque su imagen visionaria «cojón del Anticristo» supera con creces a los tópicos términos de «borracho» y «farsante». No en vano, san Beato de Liébana conocía el registro literario de la lengua, se encerró a solas con los demonios de una pluma, le dio caña a ensartar palabras y escribió Comentario al Apocalipsis de San Juan, su famoso códice en el que a lo mejor no deja títere con cabeza, del que ya diré algo cuando lo lea, puesto que lo tengo entre mis lecturas escogidas.

Las palabras de contenido irreverente. Ellas. Cada vez menos impactantes en los receptores de hoy por casi tratarse de un lugar común, por escupirse casi desde la cuna. Pero siguen cumpliendo con su poder de destrucción psicológica, sobre todo si las pronuncia alguien que no suele, de tal modo que producen el efecto de que las palabras hacen más bulto que la persona.

Charles Bukowski tocándole el coño a su esposa, Linda Lee BeighleEn este momento de chupitos de whisky y de escritura corta, como me acuerdo a menudo de que están removiendo los huesos de Federico García Lorca, en su triste fosa de fusilado, por el asunto de las irreverencias llegan a mi memoria unos versos de Charles Bukowski, escritor yanqui, maldito y genial, en los que menciona a Lorca, el mayor poeta de la literatura española. Dicen así: «Villon fue un ladrón. / Lorca chupaba pollas. / T.S. Elliot trabajaba de cajero en una ventanilla, / la mayoría de los poetas son cisnes, / son garzas.».

¿Acabamos de percibir una irreverencia de contenido sexual? ¿O hemos de aferrarnos a la lógica con naturalidad, por la condición de homosexual del poeta granadino? Es sabido que la mayoría de los términos irreverentes se relacionan con el sexo. Aunque algunos, paradójicamente, quizá pueden favorecerte. Cuando en 2004 levanté el seudónimo de mi niña Paz, con Caliente, tras el tinglado que montó con su novela experimental en Internet, alguien dijo, muy desilusionado, que quien se escondía en el personaje de Paz Vega López resultó ser un tío pajero cuarentón con veinte centímetros de polla.

Las irreverencias que se muerden la cola.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

Un recuento. El Lazarillo

Lunes, 7 de septiembre de 2009 Sin comentarios

Portada del Lazarillo, edición de Medina del Campo

Ahora que se extingue el verano, ahora que se aproxima el ruido de las aulas, ese carrusel imprevisible, echo la vista atrás. Se evapora el verano, como una sonrisa acartonada, como una sonrisa de bella frescura que hechiza, como cualquier cosa que se apaga. Se retira del tapete el verano, el mayor periodo vacacional de los profesores. Y yo no he dejado de trabajar. Desde un punto de vista técnico, yo no he hecho vacaciones. Dicen que sarna con gusto no pica. Este es mi caso. Salvo unos días, durante la primera semana de julio, en que me dediqué a rascarme la barriga, no he dejado de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, sin perdonar un solo día, como una máquina literaria. Sarna con gusto no pica.

Antes de concluir el examen de la segunda edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor, me fui a Toledo. A escribir. Toledo. Allí siempre con mi libreta y mi bolígrafo, escribiendo en cualquier recoveco. Sobre un escalón. Sobre una piedra. Sobre unos hierbajos. Sobre mis pies, tieso como un palo. Sobre alguna nube de mullida inspiración. Jamás me detuve. Jamás me detengo. Mientras la gente pasa como si no existiera yo, como si no existiera ella misma. Hasta que se deja notar, con sus clavos, las menos de las veces. O con sus dedos de tulipán, las menos de las veces. Siempre escribiendo. Siempre corrigiendo. Sarna con gusto no pica.

Terminé la corrección de los relatos hispanoamericanos. Pero lejos quedó la interrupción del respiro. Pocos días antes ya me había adentrado, de cabeza, en la magistral joya del Lazarillo. Y me afané en trasladar su arcaico y engorroso texto al español actual. Toda una doma sintáctica. Toda una investigación sobre el sintagma inexistente hoy. Y ese léxico en desuso, o que hoy significa lo contrario. Menudo lío. Menudo desafío. Y qué inmenso placer. Tocar palabra a palabra, sin prisas, y hasta con cariño, la gran obra de Alfonso de Valdés, el autor del Lazarillo, oculto en el anonimato casi medio milenio, un autor cuyo rastro, en mi obra, aparece explícitamente en Como las víboras.

Sí, en efecto, voy a publicar una lectura adaptada del Lazarillo a los modos actuales del castellano. Para que los ojos hagan una lectura continua, sin que tengan que frenarse en las notas de a pie de página, si es que las hay. Para que se lea un texto tal como el gran Alfonso de Valdés lo hubiera escrito hoy. Sin que queden dudas. Cada folio del texto lo voy solucionando en una hora y media, más bien larga, con un resultado sorprendente. Qué gusto. Y sin escatimar consultas. Muchas. Muchas veces, en el meollo de los rigores de la larga canícula que hemos soportado, con el revés de la mano he tenido que enjugarme las pestañas, literalmente empapaditas de sudor. Sarna con gusto no pica. Qué gusto. El Lazarillo, átomo a átomo, cristalizado en mi maquinaria literaria.

—Bien está, Antonio. Gracias.
—Gracias a ti, Alfonso. Todo un honor, erasmista.

Prosigo. Voy por el folio 43. Ya quedan menos. El sol hoy no se cuece tan enojado. Las excavadoras de la calle descansan. Sarna con gusto no pica.

Otra vez en el Tajo

Domingo, 26 de julio de 2009 Sin comentarios

A orillas del río Tajo

Estoy prácticamente a ras del cauce del Tajo. Delante, a mi derecha, el puente medieval de San Martín. Delante, a mi izquierda, los peñascos de un conocido acantilado, el que se sitúa frente a las Cortes de Castilla-La Mancha. El río Tajo, desde esta posición, impone.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Las letras y el agua del río Tajo

La iglesia de San Román

Sábado, 25 de julio de 2009 Sin comentarios

Frescos de la iglesia de San Román

Una Eva que se cubre los bajos con las dos manos, como hizo una niña que vi cuando chico… Majestuoso espacio, con su curvilíneo rojo y blanco de mi Córdoba de abril.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Posada de la Hermandad

Sábado, 25 de julio de 2009 Sin comentarios

Posada de la Hermandad, Toledo

Frente a la Posada de la Hermandad, con su viejísima fachada de sabroso granito.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

En un peldaño

Sábado, 25 de julio de 2009 Sin comentarios

En un peldaño del Teatro de Rojas

Por la mañana. Pensando que la polvareda que levanta mi bolígrafo en esta baqueteada libreta, va a descender en densidad.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Escaleras mecánicas

Viernes, 24 de julio de 2009 Sin comentarios

Escaleras mecánicas de Toledo

Y bajo. Y unos obreros cortan baldosas con sierras.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Sepultura de El Greco

Viernes, 24 de julio de 2009 Sin comentarios

Entrada del convento de Santo Domingo el Antiguo, donde se sitúa la cripta de El Greco

Por la tarde, en el convento de Santo Domingo el Antiguo. Porque aquí está la sepultura de El Greco. Entro. Veo a una chica extranjera.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

La catedral de Toledo (por dentro)

Viernes, 24 de julio de 2009 Sin comentarios

Virgen blanca, del coro de la Catedral de Toledo

Girola de la Catedral de Toledo

Ya es la segunda vez que compro acero toledano. La Antigua Roma, otra debilidad que cobra vida en mi imaginación, una imaginación a veces desbocada, fértil, coordinada, de masa de harina con sal.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

La catedral de Toledo (por fuera)

Viernes, 24 de julio de 2009 Sin comentarios

Puerta de los Leones, Catedral de Toledo (sobre la puerta derecha se distingue el ataúd)

La paloma suspende el producto de su torcijón, como un puntito en chispazo.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Una sinagoga y el Tajo

Jueves, 23 de julio de 2009 Sin comentarios

Sinagoga de Santa María la Blanca, Toledo

Frente al río Tajo y las Cortes de Castilla-La Mancha

Bonitas vistas. Me retrato con la cámara y sale, conmigo, una fresca lata de Cocacola. Miro el vacío.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

El entierro del Conde de Orgaz

Jueves, 23 de julio de 2009 Sin comentarios

El entierro del Conde de Orgaz (su arco de medio punto corresponde a la construcción del cuadro)

Entro en la iglesia. Aliento de agua fría. Lo primero que te recibe es el famoso cuadro del maestro,

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Puente de San Martín

Jueves, 23 de julio de 2009 Sin comentarios

Puente de San Martín, Toledo

Río malsano en este punto toledano, de verde estanque, no propicio para la vida normal, para la poesía.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

La una y media, entre el monasterio de San Juan de los Reyes y el puente de San Martín

Monasterio de San Juan de los Reyes (por dentro)

Jueves, 23 de julio de 2009 Sin comentarios

Claustro de San Juan de los Reyes, Toledo

El detalle. Descubro a un diablillo agazapado, oculto entre el follaje, como con miedo, que abraza una torre románica como si fuera suya.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Junto a Judit y Holofernes

Monasterio de San Juan de los Reyes (por fuera)

Jueves, 23 de julio de 2009 Sin comentarios

Monumento a la Inmaculada Concepción, en San Juan de los Reyes

Estoy sentado en un peldaño del monumento que se le hizo a la Inmaculada Concepción en 1954. Tenemos aquí a una Virgen muy joven, demasiado guapa, con el pelo hacia atrás,

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Una noche toledana

Miércoles, 22 de julio de 2009 Sin comentarios

Calle de Jesús y María, Toledo

Veo a Garcilaso de la Vega, iluminado, y la casa de Santa Teresa, a cal y canto opaca, cerrada.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

El Museo-Palacio de Santa Cruz

Miércoles, 22 de julio de 2009 Sin comentarios

Claustro del palacio de Santa Cruz (medio sonrío porque sabía que estaban saliendo dos chicas muy guapas)

Este claustro expone lápidas funerarias y escudos de armas del XVI, estatuas, incluso ataúdes medievales de piedra, semejantes a los que vi, en julio del pasado año, junto al cementerio de Iria Flavia.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

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