Una tristeza portentosa

Tan sólo derramó una lágrima, muy redonda, muy llena y biliosa.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 32).

Levitación, portentos

Antes de preguntarse por los motivos de aquel helado vértigo, a Salvador se le evaporó la mente. Vio que se empequeñecía su calle, que durante su ascenso irrefrenable se hacían diminutas las viejas azoteas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 31).