Contra la independencia de Cataluña

Antonio Gálvez en Twitter -Cataluña-

Absolutamente alarmado por los acontecimientos políticos que estoy, que muchos estamos viviendo en Cataluña desde el pasado 9 de noviembre, el día en que una gran cantidad de la población catalana salió a votar en una consulta prohibida por el Tribunal Constitucional, me he puesto a escribir, por primera vez, en Twitter.

Sé que no voy a conseguir nada. Esto no es ninguna novedad para mí. Mi única pretensión es intentar aliviar el escándalo que me produce comprobar cómo más de dos millones de personas salen a la calle a sabiendas de que incumplen la Ley; prácticamente todos llevados, conducidos, alentados por el actual poder establecido en Cataluña, por su paladín en estos momentos, por Artur Mas, el presidente de la Generalitat.

Las cosas las veo muy claras ya. A mí me parece que algo similar se vivió en 1714, cuando el pueblo llano acudió en masa al llamamiento del poder establecido en Cataluña, un poder establecido que tenía la misma finalidad de todos los poderes establecidos: seguir mandando. La única diferencia, trescientos años después, es que en 1714 el pueblo llano fue llevado, fue conducido a la muerte.

Yo estoy en contra de la independencia de Cataluña. ¿Cómo no voy a estar en contra? Tan sólo voy a dar una razón, una razón que tiene que ver con el bolsillo, con la pela, con el dinero: a mí el nacionalismo catalán, poco más o menos, me ha costado 125.000 euros.

El motivo podría parecer increíble en algunos países que disfrutan una democracia consolidada, normal. El motivo de tan grave dispendio es el siguiente: por faltarme la lengua catalana en un puesto de trabajo. Todo ello bajo el amparo de la Ley de Normalización Lingüística de Cataluña, una ley a todas luces nacionalista, excluyente (subrayen la raíz gramatical de la palabra “excluyente”). Cuando por fin el nacionalismo catalán pudo declarar como aceptables mis conocimientos de lengua catalana, en examen oficial, dentro del famoso nivel C de la lengua catalana, habían pasado tres años. Tuvieron que pasar dos años más para que llegara mi turno en el puesto de trabajo al que aspiraba. O sea, estuve cinco años en el paro. Sin conseguir un empleo. Con toda la problemática que ello conlleva. De ahí los 125.000 euros perdidos, más o menos el equivalente a los cinco años de trabajo que hube de tener y no tuve por una cuestión lingüística nacionalista, dentro de un país bilingüe, como oficialmente es España.

Siempre recordaré las palabras que me excluyeron en aquel puesto de trabajo. Son sólo tres. Pertenecían a una lista de aspirantes admitidos y no admitidos. Las palabras dirigidas a mí se sucedían en aspirantes que “sufrían” mi misma situación. Si en aquella época, a finales de los 90, hubieran existido los teléfonos móviles, le habría hecho una fotografía a aquella lista, a aquellas palabras que se sucedían como una letanía. Le habría hecho una fotografía a pesar del obstáculo que suponía estar sintiendo un nudo en la garganta. Aquellas palabras fueron las siguientes:

Exclòs: manca català
(“Excluido: falta catalán” -la traducción es mía-)

Comprendo que el verbo excluir posee unas connotaciones generalmente feas. En el caso que nos ocupa las tiene sin duda. Comprendo que algunos nacionalistas catalanes, que algunos independentistas catalanes, puedan sentirse avergonzados de que este verbo destroce puestos de trabajo, complique vidas, como me ocurrió a mí. El mencionado verbo excluir, que hube de padecer en carne propia, me ha inspirado la siguiente fórmula matemática sobre el nacionalismo catalán (el independentismo catalán sospecho que sería aún más extremo):

Nacionalismo catalán = Exclusión + Marginación Social + Depauperación + Estrés

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El lío universitario de Iván Tubau…(99)

Las noches salvajes

(129) Escrito por: Ivan Tubau – 22 Mayo 2004 11:23 PM
Apostilla. Cuando escribí lo mío (115) no había visto lo de Albert de Paco (112). Telegráficamente. Asignatura: Periodismo cultural (que sigo dando). Tema: Adaptaciones al cine de obras literarias. Cyril Collard, «Les nuits fauves» (Las noches salvajes).

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 105).

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Nota del autor: Vuelvo a recordar que todos los mensajes y e-mails que recibió mi niña Paz fueron reales. Se trataba de los momentos estelares en que mi personaje saltaba de la ficción a la realidad.