Desprecios y recuerdos

La vida de Salvador almacenaba muchos desprecios, muchos rostros ácidos. La cara rota de la única mujer con la que estuvo casado se le aparecía la mayoría de las noches de invierno. En cuanto se acostaba, apagaba la luz y cerraba los ojos, solía florecer en sus párpados la cara desparramada de su esposa, aquella tez amoratada sobre un bordillo, toda la cabellera rubia jaspeada de sangre rojísima, sin vida. Entonces encendía la luz, contenía la respiración y entrecortadamente exclamaba: «Otra noche más». Pasadas varias horas, se dormía bajo las resonancias indelebles del bordillo, de la calamitosa furgoneta que se desvió un segundo, de la murmuradora maraña de la Rambla.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 12).

Mucha tristeza

La depresion

Desde que falleció su mujer, hacía siete años, se encontraba absolutamente espantado de la vida. Raro era el día que sus ojos se libraban del ahogo de las lágrimas. Pensaba de sí mismo que era un pobre hombre. Tenía la convicción de que se estaba convirtiendo en una verdadera piltrafa, entumecida por el miedo y la pestilencia de la derrota.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 11).

En Todo Literatura, Relatos del fuego sanguinario y un candor

De actualidad, en TodoLiteratura,
mi libro de cuentos
Relatos del fuego sanguinario y un candor.

¡Gracias!

Relatos del fuego sanguinario y un candor, disponible

Disponible, la reedición de mi primer libro publicado:
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR.
–Calambur Editorial, 1997 – Morfeo Editorial, 2020–

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Información general

Ola de frío, en abierto

Un trasfondo triste, de temblor y fatalidad, con la paradoja de la natalidad. Mi viejo artículo «Ola de frío», desde esta mañana, aquí:

El enlace

Eduvigis Lindavista, en iBookstore

EDUVIGIS LINDAVISTA, cuento perteneciente a Relatos del fuego sanguinario y un candor, disponible en iBookstore.

Ebook Eduvigis Lindavista, cuento perteneciente a Relatos del fuego sanguinario y un candor, en iBookstoreEDUVIGIS LINDAVISTA es un relato, la historia sobre cuyo personaje principal gira todo un libro de cuentos: RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR. En EDUVIGIS LINDAVISTA se desarrollan los primeros años de vida de una niña santa que nació del pecado, la niña Eduvigis. Dejemos en palabras de su autor lo que representa este personaje en su trayectoria narrativa: «Parecía que mi primer personaje hispano, la niña Eduvigis, una niña de siete años muerta ‘en olor de santidad’, una niña santa, tiraba de mi mano con su poderosísima energía, que avivaba mi intuición narrativa, que transformaba mi tonalidad lingüística de español en tonalidad lingüística de americano, para la que no desdeñé muchos usos y registros andaluces».

EDUVIGIS LINDAVISTA
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Una paloma verde

Una paloma verde

—¿Eres la paloma verde?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 122).

Trenzado de homicidas, nº 1

Tema Amazon. Muchas veces reconforta el sentido deportivo de la vida. Me complace comunicaros que mi libro de relatos titulado TRENZADO DE HOMICIDAS es, en este momento, número 1 en ventas en Japón, en la categoría de libros de cuentos.

Muchas gracias.

Lo misterioso

El matrimonio asentía. No se atrevía a sacar a relucir el misterioso suceso de la Rambla que acababa de escuchar.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 111).

Respeto

El señor Julián le estrechó la mano con un respeto renovado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 110).

Palabras sinceras

—Pues claro, mi niño, porque me gustas.

Esas palabras sinceras tuvieron la contundencia de una pesada losa.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 70).

Un hecho inexplicable

Llagas en los labios

Se abrazaron dos personas saqueadas, desdichadas, pero sabedoras de la progresiva iluminación que experimentaban sus pensamientos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 53).

Una tristeza portentosa

Tan sólo derramó una lágrima, muy redonda, muy llena y biliosa.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 32).

Agua y prodigios

Surgió una reducida lengua de agua que provenía de debajo de la cama, como si acabara de derramarse un vaso. Poco después, la manta extendida sobre la colcha empezó a hincharse. Se apreciaba la fisonomía ovalada de una cabeza y de unos hombros.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 29).

Siempre con su manta

A Salvador, liado en su manta, sólo se le veía la cabeza, que parecía un rastrojo de barba y pelambrera.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 28).

Noche triste

Las lágrimas, cuando cayó la noche, todavía fluían desde su senda agria.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 128).

Un triste objetivo

—Hablando de corazón… Mire, aquel de la bata blanca es uno de los médicos de este hospital. Que le dejo, y muchas gracias por todo. Que le voy a preguntar si me encuentra el corazón.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 98).

Borrosas reflexiones

—Oiga, ¿usted sabe si a mí me queda corazón? Es que como hace tiempo dejé de oírlo…

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 94).

Demasiadas emociones

En sus ojos se desplegaron los cabellos de su esposa, como si formaran parte de un telón que se cierra.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 87).

La imagen de una madre

Ya no distingo el bien del mal. Sólo sé que tuve una madre buena y que adoro su voz y que odio y que camino desarmado

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 75).

Haciendo memoria

Mi madre. Sólo recuerdo un fragmentario sonido de su voz. Una voz sin palabras.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 68).

Lo que ocurrió después

Siempre baja y descansa entre las flores mojadas, las mismas flores que nunca renuncian a llorar su rocío.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Anhelos y luces» , del libro Cuentos agrios (pág. 43).

Triste tensión

La muchacha, sola, se mecía casi imperturbable.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 26).

Palabras de amor, miedos

El hombre semejaba humo, una llama recién apagada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 15).

Tremendo silencio

Un tren a lo lejos

La novia, en la cama, inmóvil, miraba el techo blanco.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 12).

Triste despedida

A las dos niñas la playa les refrescaba los tobillos.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.

Morir de pena

Llegaron a tener el cerebro tan caliente que incluso sin el corazón en su pecho, consiguieron recordar la sonrisa de un ataúd de cristal.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.

Los alimentos

—Ya no nos queda comida. Ahora nos moriremos de hambre. Procuremos no asustar al niño con nuestro miedo.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.

Cavando una fosa

La madre comenzó a escuchar el rumor del arroyo, y una descarga de amarga complacencia se le consumió, al escapársele de los pies.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 105).

Mortaja

—Yo vi una vez a la niña Eduvigis muertita, en su caja transparente de la Basílica, y era una prenda como tú, rete linda.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 103).

Inmensa tristeza

El alba rasguñaba la puerta de la señora Justina y terminó cascándose, como huevo de chachalaca, sobre la madera de polilla.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 101).

Aquellos ecos

Todavía hoy parece que se escucha el eco

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 65).

El tiempo, el tiempo

La abuela Belisa vive mucho

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 64).

Valor

Escuchaba un pitido débil que lo animaba al bostezo

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 61).

El nacimiento de la niña Eduvigis

El cura de la aldea era verriondo y siempre gastaba sotana negra.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 16).

Lúgubre encuentro

Es muy posible que los sueños torturen esta noche a Fernandín

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 155).

Momentos muy tristes

Fernandín, en el primer parpadeo, se desconoce a sí mismo

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 132).

Tristeza condensada

¿Dónde estará mi madre?

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 130).