Aquella excursión

Por ahora me resulta imposible continuar. Usted dispense.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 43).


Por ahora me resulta imposible continuar. Usted dispense.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 43).

La garganta se le ha transformado en un armatoste de nudos.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 41).

Se quedó desamparada. Los gorriones cantaban coplas desenfadadas a su lado.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 35).

A Marta, una lágrima se le escapa para reposar en una manga de su vestido de luto.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 18).

Pepín maldice, al limpiar las miserias, todos los días.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 15).
Imparable ola de frío polar en España. El asco de tiritar en medio de la calle. Los calvos se cuidan la calva con gorros de lana, y se ríen del mundo. Nieve, hielo, aguanieve. Se ven hombres con pico y pala que adecentan sus propias aceras. El viejo que resbala y que, literalmente, rueda por la pendiente adoquinada; y que se levanta con malas pulgas, cagándose en Dios. El guipuzcoano con la nieve en el brillo de sus ojos, que resbala y se desnuca, sin decir ni pío, en la enésima muerte imprevista, inimaginable, estúpida, una de esas muertes que tanta rabia dan, que siempre les ocurre a otros. El guipuzcoano que muere con el brillo de la nieve en el último reflejo de sus ojos. Hielo, aguanieve, nieve. Y los pechos de las mujeres, más abrigados que nunca, más templados que nunca, con la reacción de sus efluvios, olor natural de tulipán. Y los carrillos de las mujeres, más colorados que nunca, más ardientes que nunca, con el anuncio sano de su vitalidad a flor de piel; con el anuncio, modesto, de que las mujeres están mejor construidas que los hombres. El tipo errante que deja de tiritar, en su rincón oscuro y olvidado, porque se queda tieso, porque se muere tieso, de frío polar. Tristeza solitaria. Una tristeza solitaria más, incontable, anónima. Los niños arrastrados por el trineo familiar, en plena plaza pública. Una alegría contable más, contrastable. Den ustedes una limosna de cariño. La ropa tendida que no se seca en los balcones, en los terrados, tras las ventanas de los barrios que tiemblan de frío polar. La ropa tendida, ondulante, crujiente de escarcha aterida, abrazándose, sin quejas, al frío hálito de la bóveda celestial. Aguanieve, nieve, hielo. Las frías noches de alcoba, y el hombre que busca el culo caliente de la mujer, ley de vida. La reproducción. Aumenta la gestación humana en las desacostumbradas noches de frío polar, según las antiguas estadísticas, que nunca fallan. El amor verdadero, en ferviente pugna por dejar de ser una entelequia. El amor. Den ustedes una limosna de cariño.
Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

Me levanto. Dejo la botella de cerveza en la arena. Me he quedado sin habla. Ella me lleva de la mano.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 141).

A veces deslizaba los brazos y las piernas, como si pretendiera incorporarse.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 96).

Qué asco me dio pensar que otro cipote había hurgado por allí.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 79).

Todavía conservaba los tirabuzones que le hizo el otro en el pelo con los dedos.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 74).

A ver, a ver qué nuevas trae la Isa. A ver qué dice. A ver qué hace.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 73).

Ella sonreía al fulano. Se notaba que se encontraba más a gusto que Dios. A veces le acariciaba una manita a la criatura. A mí, Juan, a mí me dieron ganas de cagar. Se me puso el cuerpo descompuesto. Me dio un miedo de dos pares de cojones.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 72).
Me vi viejo, canoso, escuchimizado por dentro y por fuera, flaco pero enterizo, gastando correa de feroz hebilla rectangular, como las que gasta Ralph Lauren, el famoso diseñador de moda al que encantan las modelos esqueléticas, como cantos de sirena. Me vi como amigo del viejo y canoso Ralph Lauren. Entonces Ralph me enseñó, de una tal Filippa Hamilton, modelo que trabajaba para él, unas fotografías trucadas con Photoshop. Juntos disfrutamos de la cintura imposible de Filippa, una cintura tan diminuta que podía caber entre nuestras manos, uniéndose los dedos yema con yema. Juntos gozamos de los huesudos brazos desnudos de la modelo, de su cadera sin curvas, de sus piernas como palillos de dientes. Juntos convenimos en que la modelo estaba un poco gorda, debido al atisbo de un pequeño lindero de viva carne crepuscular. Y juntos declaramos que nos importaba un cojón el peligro flotante de la anorexia. Al día siguiente Ralph despidió a Filippa. Por gorda. Y Ralph y yo nos reímos de que la modelo afirmara que había sido despedida por gorda. Sin saber cuánto tiempo transcurrió, de nuevo me volví a ver viejo, canoso, escuchimizado por dentro y por fuera, flaco pero enterizo al presenciar el tristísimo episodio de la agonía de una mujer desnutrida, anoréxica. Aunque parecía jovencísima, su rostro se presentaba tan comido por los huesos que no podía especificarse su edad. Era un rostro consumido, dominado por unos ojos grandes, llenos de luz, que me miraban. Estertores y grandes ojos sobre mis ojos. Sus brazos como alambres plateados fuera de las sábanas. Sus manos blancas de pellejo y huesos, sin venas verdosas, sin venas azuladas. Y sus grandes ojos sobre mis ojos con el último estertor. Fue tan grande el retumbo de mi corazón en el instante de la muerte que escapé de la pesadilla que acaba de sufrir. Aunque en el sueño no identifiqué a la chica que murió delante de mí, al encender la luz supe que presencié la muerte de mi propia hija. Desperté con las pestañas completamente mojadas, frías, erizadas de amor filial.
Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

La niña de un mes de vida enronquecía. El furor de su llanto la dejaba sin respiración.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 65).

La maquinaria de su cuerpo se le obstruía. Las palabras se le resistían. Entre empellones mal avenidos le brotaron algunas francamente concisas.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 53).

Delicia, sigo pensando que estás hecho un verdadero elemento. Ahora que no estás, me duelen las señales de tus caricias.
*
AMOR
El amor, y mis primeras lágrimas.
Dice que yo soy un inmenso campo
y él una pequeña jara.
Busco el significado de
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 150).
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