Eduvigis Lindavista, en iBookstore

EDUVIGIS LINDAVISTA, cuento perteneciente a Relatos del fuego sanguinario y un candor, disponible en iBookstore.

Ebook Eduvigis Lindavista, cuento perteneciente a Relatos del fuego sanguinario y un candor, en iBookstoreEDUVIGIS LINDAVISTA es un relato, la historia sobre cuyo personaje principal gira todo un libro de cuentos: RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR. En EDUVIGIS LINDAVISTA se desarrollan los primeros años de vida de una niña santa que nació del pecado, la niña Eduvigis. Dejemos en palabras de su autor lo que representa este personaje en su trayectoria narrativa: «Parecía que mi primer personaje hispano, la niña Eduvigis, una niña de siete años muerta ‘en olor de santidad’, una niña santa, tiraba de mi mano con su poderosísima energía, que avivaba mi intuición narrativa, que transformaba mi tonalidad lingüística de español en tonalidad lingüística de americano, para la que no desdeñé muchos usos y registros andaluces».

EDUVIGIS LINDAVISTA
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Una paloma verde

Una paloma verde

—¿Eres la paloma verde?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 122).

Trenzado de homicidas, nº 1

Tema Amazon. Muchas veces reconforta el sentido deportivo de la vida. Me complace comunicaros que mi libro de relatos titulado TRENZADO DE HOMICIDAS es, en este momento, número 1 en ventas en Japón, en la categoría de libros de cuentos.

Muchas gracias.

Lo misterioso

El matrimonio asentía. No se atrevía a sacar a relucir el misterioso suceso de la Rambla que acababa de escuchar.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 111).

Respeto

El señor Julián le estrechó la mano con un respeto renovado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 110).

Palabras sinceras

—Pues claro, mi niño, porque me gustas.

Esas palabras sinceras tuvieron la contundencia de una pesada losa.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 70).

Un hecho inexplicable

Llagas en los labios

Se abrazaron dos personas saqueadas, desdichadas, pero sabedoras de la progresiva iluminación que experimentaban sus pensamientos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 53).

Una tristeza portentosa

Tan sólo derramó una lágrima, muy redonda, muy llena y biliosa.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 32).

Agua y prodigios

Surgió una reducida lengua de agua que provenía de debajo de la cama, como si acabara de derramarse un vaso. Poco después, la manta extendida sobre la colcha empezó a hincharse. Se apreciaba la fisonomía ovalada de una cabeza y de unos hombros.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 29).

Siempre con su manta

A Salvador, liado en su manta, sólo se le veía la cabeza, que parecía un rastrojo de barba y pelambrera.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 28).

Desprecios y recuerdos

La vida de Salvador almacenaba muchos desprecios, muchos rostros ácidos. La cara rota de la única mujer con la que estuvo casado se le aparecía la mayoría de las noches de invierno. En cuanto se acostaba, apagaba la luz y cerraba los ojos, solía florecer en sus párpados la cara desparramada de su esposa, aquella tez amoratada sobre un bordillo, toda la cabellera rubia jaspeada de sangre rojísima, sin vida. Entonces encendía la luz, contenía la respiración y entrecortadamente exclamaba: «Otra noche más». Pasadas varias horas, se dormía bajo las resonancias indelebles del bordillo, de la calamitosa furgoneta que se desvió un segundo, de la murmuradora maraña de la Rambla.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 12).

Mucha tristeza

La depresion

Desde que falleció su mujer, hacía siete años, se encontraba absolutamente espantado de la vida. Raro era el día que sus ojos se libraban del ahogo de las lágrimas. Pensaba de sí mismo que era un pobre hombre. Tenía la convicción de que se estaba convirtiendo en una verdadera piltrafa, entumecida por el miedo y la pestilencia de la derrota.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 11).

Noche triste

Las lágrimas, cuando cayó la noche, todavía fluían desde su senda agria.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 128).

Un triste objetivo

—Hablando de corazón… Mire, aquel de la bata blanca es uno de los médicos de este hospital. Que le dejo, y muchas gracias por todo. Que le voy a preguntar si me encuentra el corazón.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 98).

Borrosas reflexiones

—Oiga, ¿usted sabe si a mí me queda corazón? Es que como hace tiempo dejé de oírlo…

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 94).

Demasiadas emociones

En sus ojos se desplegaron los cabellos de su esposa, como si formaran parte de un telón que se cierra.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 87).

La imagen de una madre

Ya no distingo el bien del mal. Sólo sé que tuve una madre buena y que adoro su voz y que odio y que camino desarmado

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 75).

Haciendo memoria

Mi madre. Sólo recuerdo un fragmentario sonido de su voz. Una voz sin palabras.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 68).

Lo que ocurrió después

Siempre baja y descansa entre las flores mojadas, las mismas flores que nunca renuncian a llorar su rocío.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Anhelos y luces» , del libro Cuentos agrios (pág. 43).

Triste tensión

La muchacha, sola, se mecía casi imperturbable.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 26).