Palabras de amor, miedos

El hombre semejaba humo, una llama recién apagada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 15).

Tremendo silencio

Un tren a lo lejos

La novia, en la cama, inmóvil, miraba el techo blanco.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 12).

Triste despedida

A las dos niñas la playa les refrescaba los tobillos.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.

Morir de pena

Llegaron a tener el cerebro tan caliente que incluso sin el corazón en su pecho, consiguieron recordar la sonrisa de un ataúd de cristal.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.

Los alimentos

—Ya no nos queda comida. Ahora nos moriremos de hambre. Procuremos no asustar al niño con nuestro miedo.

Fragmento perteneciente a
UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR.
RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
.

Cavando una fosa

La madre comenzó a escuchar el rumor del arroyo, y una descarga de amarga complacencia se le consumió, al escapársele de los pies.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 105).

Mortaja

—Yo vi una vez a la niña Eduvigis muertita, en su caja transparente de la Basílica, y era una prenda como tú, rete linda.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 103).

Inmensa tristeza

El alba rasguñaba la puerta de la señora Justina y terminó cascándose, como huevo de chachalaca, sobre la madera de polilla.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 101).

Aquellos ecos

Todavía hoy parece que se escucha el eco

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 65).

El tiempo, el tiempo

La abuela Belisa vive mucho

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 64).

Valor

Escuchaba un pitido débil que lo animaba al bostezo

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 61).

El nacimiento de la niña Eduvigis

El cura de la aldea era verriondo y siempre gastaba sotana negra.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 16).

Lúgubre encuentro

Es muy posible que los sueños torturen esta noche a Fernandín

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 155).

Momentos muy tristes

Fernandín, en el primer parpadeo, se desconoce a sí mismo

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 132).

Tristeza condensada

¿Dónde estará mi madre?

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 130).

Y el misterio

Una zarzamora

La zarzamora de la lejanía

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 97).

Desvanecimiento

Mujer flotando en el aire

El liviano airecillo la pasea sobre las alturas del comedor

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 94).

Ocupación

Algunos efectos del aire

Sus ojos claros se entreabrieron

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 93).

Aquella excursión

Sol

Por ahora me resulta imposible continuar. Usted dispense.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 43).

Amor fallido

Triste amor

La garganta se le ha transformado en un armatoste de nudos.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 41).