Como ositos de peluche

Las risas y los juegos giraron por toda la vivienda como ositos de peluche ensalzados, apretados.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 104).

Un bendito

Pensó que a un bendito se le debía todo el respeto posible, que no se le podía gritar ni de lejos ni de cerca, ni desde la distancia del váter.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 103).

Aquel escote

Como a la muchacha se le quedó holgado, un instante, el escote de su jersey de lana, a Salvador no se le pasó por alto el esponjoso canalillo de sus pechos cálidos, abrazados a unos sostenes blancos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 102).

La calle Escudellers

Salvador vivía en Barcelona, en el número 57 de la calle Escudellers.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 15).

Triunfar

—Bueno, señora Juana, no se puede triunfar siempre en la vida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 14).

El cerebro

Desde hacía seis meses, aquel hombre escuchaba un incansable trajín de aguas en su cerebro.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 13).

Calor en casa

calor

El delectare et prodesse de los versos de Horacio me aproxima a los alumnos y casi me convierte en uno de ellos.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 22).