Siglo XXI


—Sí. Son chavales intoxicados de siglo XXI.
—¡Oh, qué fino, siglo XXI, intoxicados! ¿También te quieres quedar conmigo? ¿Oíste?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 121).

Jesús de Nazaret, muerto

Jesucristo, muerto

—Totalmente real —continuó Salvador—. Fue la mortaja de Jesús de Nazaret. Y en ella no sólo se aprecia ese rostro que veis, sino toda la silueta de su cuerpo, grabada a fuego.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 120).

El descubrimiento de un muerto

Se incomodó como si le hubieran propinado un pellizquito y exclamó:

—¡La cara de un muerto!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 119).

Ideas

idea

—Todas tus ideas son desgracias —dijo Salvador.
—Claro, desgracias —confirmó Fede—, es lo que hay en la calle.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 118).

Policía municipal

policía municipal—La municipal oye un clic sobre la mesa, levanta la vista y ve, a un palmo, una navaja cerrada, chorreando sangre a tope, chorreando mucha sangre a tope.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 117).

En el sofá

sofa

—Algo que puede parecer una pirula, en su boca hace gracia. Nunca malrolla mi colega. Es un genio de veintisiete tacos, sólo cinco más que los cuatro que estamos aquí sentados en este sofá. ¿Queréis saber por qué se volvió loco por su piba?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 116).

La sábana santa de Turín, de nuevo

Rostro de Jesucristo en la denominada Sábana Santa de TurínAunque Fede ya estaba avisado, descubrió las manchas de la pared y el techo sin conseguir un mínimo grado de disimulo. Le desconcertaron sus formas inequívocas, rigurosamente exactas a las del Cristo yacente de la Sábana Santa de Turín.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 115).

Otro viejo, la vejez

—Yo soy muy viejo para ti —dijo Salvador repentinamente.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 114).

Como la seda

felicidad

El domingo transcurrió —como suele decirse— como la seda. Sólo se apreció en Salvador un hueco intrincado, que Magdalena alisó de inmediato. Los graves lances recientes coleaban.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 113).

Lo misterioso

El matrimonio asentía. No se atrevía a sacar a relucir el misterioso suceso de la Rambla que acababa de escuchar.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 111).

Respeto

El señor Julián le estrechó la mano con un respeto renovado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 110).

Estar loco

Escuchó unas frases sueltas, alejadas del auricular: «Que dice que ya lo sabe, que vio al chiquillo en Barcelona». «¡Cuelga ya!». «¡Ése sigue estando loco!».

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 109).

Fuentes de León

—¡Mira, escucha, que soy la Guadalupe, tu suegra! ¡Que te hablo desde aquí, desde Fuentes de León! ¿Me conoces?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 108).

El teléfono

—¡Salva! ¡Salvador! ¡Que dicen que es una urgencia! ¡Que te llaman por teléfono!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 107).

Nueva sonrisa

Cariño

A Salvador le brotó, por segunda vez a lo largo del día, una sonrisa ancha, sin ataduras.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 106).

La lluvia de Barcelona

—¿Y quién eres tú para que la lluvia te haga caso? —preguntó Magdalena con un inconfundible tono de incredulidad, matizado por un hilo de incipiente divertimento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 105).

Como ositos de peluche

Ositos de peluche

Las risas y los juegos giraron por toda la vivienda como ositos de peluche ensalzados, apretados.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 104).

Un bendito

Pensó que a un bendito se le debía todo el respeto posible, que no se le podía gritar ni de lejos ni de cerca, ni desde la distancia del váter.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 103).

Aquel escote

Un escote

Como a la muchacha se le quedó holgado, un instante, el escote de su jersey de lana, a Salvador no se le pasó por alto el esponjoso canalillo de sus pechos cálidos, abrazados a unos sostenes blancos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 102).

Un cigarrillo

Repleta y saciada, la muchacha encendió un cigarrillo. Tras una primera y profunda calada, tuvo el descuido de expulsar el humo en línea recta.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 101).