Aquellos vuelos de deseo

El cuento de Ranchito, y su impulso de deseo. Rememorados últimamente con ocasión de su salida en e-book. Por los tabiques de mi casa todavía resuenan los ecos tremendos del llanto de cierta vejez, junto a la alegría y vitalidad de una infancia con algunos flecos de mi realidad. Una vejez muy vieja, la del cuento, frente a una juventud inicial a la que el destino le corta las alas.

Aquellos ecos

Todavía hoy parece que se escucha el eco

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 65).

El tiempo, el tiempo

La abuela Belisa vive mucho

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 64).

Demasiado para el cuerpo

Los peregrinos retrocedían para reconciliar al aire.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 63).

Frente a la niña Eduvigis

Nadie conseguía ver el túmulo, el puntito de su devoción.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 62).

Valor

Escuchaba un pitido débil que lo animaba al bostezo

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 61).

Una sonrisa

El pecho del golfante respondió

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 60).

Un espía descubridor

El muchacho se tenía por más exigente y sutil en asuntos de mujeres

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 57).

Gran sorpresa

Ranchito y sus dos secuaces eran de la misma edad.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 56).

Un día esperadísimo

Es que aquella mañana era la mañana del viernes.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 55).