La calle Escudellers

Salvador vivía en Barcelona, en el número 57 de la calle Escudellers.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 15).

El bestia

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Oye, permíteme que te proponga hacer las reuniones de tutores en privado, no en la sala de profesores. El motivo es que siento vergüenza ajena. Ayer, por ejemplo, aparte de volver a pronunciar el verbo “estrés”, aparte de aludir por enésima vez a mi “rabo”, mencionaste la palabra “tensión”. Como comprenderás, esos asuntos no son algo que puedan interesarle a ningún profesor que esté por allí y, mucho menos, a ningún niño que pueda aparecer, como aparecen, por la sala de profesores. En privado (las reuniones se hacen en privado) puedes decirme lo que quieras o, como tú mismo dirías, puedes decirme “lo que te salga de la punta el rabo”. En privado no sentiría vergüenza ajena.
Ya me dirás algo a lo largo del día, o por e-mail.
Saludos.

(…)

Fragmento perteneciente al libro Dietario en Red 2011-2012

Doce campanadas de cálido carmesí

Doce campanadas de cálido carmesí es un relato de juventud. Recuerdo que, durante su escritura, mediaba mi veintena de años, estrenaba mi primera novia «oficial», o «formal», como diría mi anterior generación, y poco tiempo después el Ayuntamiento de Cornellá de Llobregat le otorgó a la narración el premio Sant Jordi. Quise tensión para Doce campanadas de cálido carmesí, y estilo: todo junto. Y me salió una historia que ahora sale por separado y en e-book, con portada de un modernísimo Ernst Stöhr, en una ilustración del año 1899.