Sobre la novela El Solitario

Una anotación sobre mi novela titulada El Solitario, en relación con Llegeix B@arcelona, del distrito literario Horta-Guinardó y el Ateneo Barcelonés.

MUCHAS GRACIAS

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El bar California

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La paupérrima densidad nocturna del bar California parecía café aguado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 137).

La plaza George Orwell

Plaza George Orwell, Barcelona—¿Habéis visto la plaza? —preguntó Fede.
Se refería a la plaza Orwell. Pepe y su novia despacharon una mueca de extrañeza.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 136).

La Historia Sagrada

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—Entonces, ¿la Historia Sagrada?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 131).

Dorita

Ojos verdes de Dorita

Miró el nimbo de Dorita, sus cabellos de amarillo taxi barcelonés, la preciosidad que le otorgaban sus ojos de verde paloma.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 130).

Desnuda en plena calle

Mujer desnuda en una calle de Barcelona (foto de Daniel Bauer)

Quedó absolutamente desnuda. No tenía reloj, ni pulseras, ni oros ni platas pendiendo de su cuello.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 129).

Vestida

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—Oye, cuando te conocí aquella noche ibas vestida igual que ahora.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 127).

Hipócritas de mierda

Salvador expandió su vista al aire que soplaba un metro por encima de las cabezas de aquella gente congregada. Y exclamó, con una cólera jamás frecuentada:

—¡Hipócritas de mierda, que ni vivís ni dejáis vivir! ¡Hipócritas de mierda, que hacéis un amigo y lo hundís dos veces más que vosotros! ¡Hipócritas de mierda, que pagáis cenas, que pagáis impuestos, que pagáis, que pagáis, que pagáis, que pagáis para que se os mire bien y no sois capaces de pagar buena fe! ¡Hipócritas de mierda, que decís te quiero a vuestras novias, a vuestros novios, a vuestros maridos, a vuestras mujeres, mil veces, dos mil veces, tres mil veces, cuatro mil veces, y luego los abandonáis sin compasión! ¡Hipócritas de mierda! ¡Pero qué hipócritas de mierda sois! ¡Que parecéis personas justas y por dentro estáis repletos de veneno! ¡Hipócritas de mierda! ¡Serpientes! ¡Raza de víboras!… De verdad —dijo algo más calmado—. De verdad, no sé cómo no os parte un rayo.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 124).

La Rambla como objetivo

rambla

—Salva, ¿adónde vas?
Comprobó cómo se detuvo en la Rambla y se sentó en la silla, entre la gente que iba y venía, velándolo o descubriéndolo.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 123).

Una paloma verde

Una paloma verde

—¿Eres la paloma verde?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 122).

Siglo XXI


—Sí. Son chavales intoxicados de siglo XXI.
—¡Oh, qué fino, siglo XXI, intoxicados! ¿También te quieres quedar conmigo? ¿Oíste?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 121).

Jesús de Nazaret, muerto

Jesucristo, muerto

—Totalmente real —continuó Salvador—. Fue la mortaja de Jesús de Nazaret. Y en ella no sólo se aprecia ese rostro que veis, sino toda la silueta de su cuerpo, grabada a fuego.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 120).

El descubrimiento de un muerto

Se incomodó como si le hubieran propinado un pellizquito y exclamó:

—¡La cara de un muerto!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 119).

Magdalena, dormida

Mujer dormida

A la luz de la lamparilla, encontró a Magdalena completamente dormida, consumida por un día adverso que se resistía a desaparecer.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 112).

Fuentes de León

—¡Mira, escucha, que soy la Guadalupe, tu suegra! ¡Que te hablo desde aquí, desde Fuentes de León! ¿Me conoces?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 108).

La lluvia de Barcelona

—¿Y quién eres tú para que la lluvia te haga caso? —preguntó Magdalena con un inconfundible tono de incredulidad, matizado por un hilo de incipiente divertimento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 105).

Mal de ojo

—¡Sé lo del mal de ojo, putasquerosa!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 94).

En el cementerio de Montjuïc

Los dos empleados mantuvieron sujeta, en todo momento, a la vieja prostituta, que desprendía espumarajos cada vez que abría la boca.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 93).

Por la Boquería y los Palomos

Calle de las Cabras, en Barcelona

Avanzó por los Palomos, como él decía, el Passatge dels Coloms, el sombrío pasaje porticado de recias columnas tapiadas, el pasadizo que exhuma olor de frutas y verduras rebozadas con hielo de pescado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 87).

Magdalena, desnuda

Como no midió bien sus fuerzas, las sábanas y las mantas se escaparon, disparadas, hacia un lugar indeterminado.

—¡Ts!, quiero verte desnuda.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 77).

Calle de las Cabras, Barcelona

Calle de las Cabras, Barcelona

—Vive en la calle de las Cabras, en un canto de la Boquería, con el que fue su macarra, el macarra Ramón, que la quitó de la calle,

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 64).

Las Golondrinas de Barcelona

—¡Eh, Golondrinas! —dijo mirándolas de tú a tú—, la poca luz que os llega, se os cae como de limosna, igual que a mí.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 59).

En el puerto de Barcelona

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Subió los peldaños del espacio circular dedicado al descubrimiento de las Américas y a su almirante, Cristóbal Colón. Bordeó e ignoró todos los relieves de bronce que recuerdan distintas escenas de aquella incipiente época colonizadora, en las postrimerías del siglo XV.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 58).

Bajo la lluvia en la Rambla

Lluvia en Barcelona

Salió a la calle tal como estaba. Únicamente cogió las llaves. Se avecinaban las diez de la noche. Avanzaba por Escudellers, camino de la Rambla, disfrutando de cada paso, aspirando ruidosamente el olor del suelo empapado, como si las emanaciones que propiciaba la lluvia lo colmaran de más vida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 57).