Mi Lazarillo, en e-book

Ya está disponible mi traducción del Lazarillo en eBook.
Amazon
Kobo
Su lectura es vibrante.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Mi Lazarillo, ya en papel

Ya se puede adquirir mi «traducción»
de La vida de Lazarillo de Tormes.
La edición en e-book tendrá que esperar unos días.

La introducción la he dividido en tres partes:
Autoría
El Lazarillo, un choque psicológico de primera magnitud
La presente edición

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

El Lazarillo, en castellano moderno

¡POR FIN!

¡POR FIN!

Portada del Lazarillo, al castellano moderno, en Morfeo Editorial

Uno de los folios del Lazarillo, del segundo borrador (son todos similares)

«Aquí entrego la primera adaptación al castellano moderno que he hecho de una obra antigua de nuestra literatura. No ha sido una tarea sencilla. He reescrito la novelita cuatro veces. Para esta labor no sólo basta la búsqueda del término preciso sobre una palabra o un sintagma ya desaparecidos, o con el significado cambiado actualmente, sino que hay que pulverizar la dislocada sintaxis que tantos quebrantos causa al lector de hoy».

Fragmento perteneciente a la Introducción,
de La vida de Lazarillo de Tormes (edición en castellano moderno).

El Lazarillo, el agua, Cervantes

Ayer me pegué el primer chapuzón de la temporada en mi vieja y queridísima playa de Castelldefels. El calor, lleno de pringue. El agua, algo turbia, sin bacterias con hambre de lo malo. A un metro de profundidad, apenas se me veían los graciosos pies. Hubo sesión de fotos. Todas las que me hice recién salido del agua, con las manos mojadas en la cámara, no valen: se me vislumbra un diminuto moco blanquecino en la aleta derecha de la nariz, tan pequeño como traidor, tan reblandecido como pingüe, que se mofa de todo el mundo. Y de mí. A veces pasa. Y a mí me pasó.

Por fin, ayer, un pequeño paréntesis en mi incansable laboriosidad. Ya le estoy viendo un maravilloso punto final al Lazarillo, a la “traducción” al castellano moderno que estoy haciendo del Lazarillo. Todo gozo y sorpresa. La sintaxis, ya ordenada. Con el destierro sin pena de entrañables fósiles, como el famoso “Vuestra Merced”. Con la paginación de Sebastián de Covarrubias, que me guarda las espaldas, siempre a mano. Y la sombra de Cervantes. Sí, voy a “traducir” el Quijote. Para empezar, los capítulos escogidos que salen en Bachillerato, en la Selectividad. Que al menos los alumnos tengan la opción de encontrarse el pastel digerible. En la introducción de esta edición parcial, tan sólo voy a incluir las explicaciones de cada capítulo, lo que hay que tener en cuenta de cada capítulo, unas explicaciones que tengo escritas a mano, para las clases, desde 2006.

Habiendo pasado lo peor con el Lazarillo —por ahora he reescrito la novelita tres veces—, abordo la posibilidad de una pequeña escapada, de un viaje estival. No es nada seguro todavía. Todo lo dejo supeditado al Lazarillo. Si consigo dejar lista la edición antes de que termine este mes, me escapo hacia una zona cercana: Peñíscola y Valencia. Ya se verá. Como vengo haciendo los últimos años, dejaré anunciado mi viaje en la cabecera de este blog. Con este último párrafo, le estoy dando respuesta a la pregunta de un querido y ya viejo alumno de segundo de Bachillerato que aún no sabe si está admitido en Periodismo: “Una curiosidad, Antonio: ¿este año no haces ningún viaje de los tuyos por la España literaria?”.

Indudablemente, por ahora es la pregunta del millón.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Un recuento. El Lazarillo

Portada del Lazarillo, edición de Medina del Campo

Ahora que se extingue el verano, ahora que se aproxima el ruido de las aulas, ese carrusel imprevisible, echo la vista atrás. Se evapora el verano, como una sonrisa acartonada, como una sonrisa de bella frescura que hechiza, como cualquier cosa que se apaga. Se retira del tapete el verano, el mayor periodo vacacional de los profesores. Y yo no he dejado de trabajar. Desde un punto de vista técnico, yo no he hecho vacaciones. Dicen que sarna con gusto no pica. Este es mi caso. Salvo unos días, durante la primera semana de julio, en que me dediqué a rascarme la barriga, no he dejado de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, sin perdonar un solo día, como una máquina literaria. Sarna con gusto no pica.

Antes de concluir el examen de la segunda edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor, me fui a Toledo. A escribir. Toledo. Allí siempre con mi libreta y mi bolígrafo, escribiendo en cualquier recoveco. Sobre un escalón. Sobre una piedra. Sobre unos hierbajos. Sobre mis pies, tieso como un palo. Sobre alguna nube de mullida inspiración. Jamás me detuve. Jamás me detengo. Mientras la gente pasa como si no existiera yo, como si no existiera ella misma. Hasta que se deja notar, con sus clavos, las menos de las veces. O con sus dedos de tulipán, las menos de las veces. Siempre escribiendo. Siempre corrigiendo. Sarna con gusto no pica.

Terminé la corrección de los relatos hispanoamericanos. Pero lejos quedó la interrupción del respiro. Pocos días antes ya me había adentrado, de cabeza, en la magistral joya del Lazarillo. Y me afané en trasladar su arcaico y engorroso texto al español actual. Toda una doma sintáctica. Toda una investigación sobre el sintagma inexistente hoy. Y ese léxico en desuso, o que hoy significa lo contrario. Menudo lío. Menudo desafío. Y qué inmenso placer. Tocar palabra a palabra, sin prisas, y hasta con cariño, la gran obra de Alfonso de Valdés, el autor del Lazarillo, oculto en el anonimato casi medio milenio, un autor cuyo rastro, en mi obra, aparece explícitamente en Como las víboras.

Sí, en efecto, voy a publicar una lectura adaptada del Lazarillo a los modos actuales del castellano. Para que los ojos hagan una lectura continua, sin que tengan que frenarse en las notas de a pie de página, si es que las hay. Para que se lea un texto tal como el gran Alfonso de Valdés lo hubiera escrito hoy. Sin que queden dudas. Cada folio del texto lo voy solucionando en una hora y media, más bien larga, con un resultado sorprendente. Qué gusto. Y sin escatimar consultas. Muchas. Muchas veces, en el meollo de los rigores de la larga canícula que hemos soportado, con el revés de la mano he tenido que enjugarme las pestañas, literalmente empapaditas de sudor. Sarna con gusto no pica. Qué gusto. El Lazarillo, átomo a átomo, cristalizado en mi maquinaria literaria.

—Bien está, Antonio. Gracias.
—Gracias a ti, Alfonso. Todo un honor, erasmista.

Prosigo. Voy por el folio 43. Ya quedan menos. El sol hoy no se cuece tan enojado. Las excavadoras de la calle descansan. Sarna con gusto no pica.